Vuelta prohibida

La encrucijada del PAN

Ya están prácticamente destapadas todas las cartas dentro del proceso de renovación de la dirigencia del PAN. Autodescartada Josefina Vázquez Mota, la contienda se centrará en Gustavo Madero y Ernesto Cordero, con un José Luis Luege Tamargo cuya candidatura no pasará de ser testimonial.

Hoy, más que nunca, las cosas no pintan bien para el panismo. De haber sido el único partido político esencialmente democrático en su vida interna, fue rebasado en el año 2000 por la corriente neopanista empresarial que, sin ninguna tradición doctrinaria, se montó en ese partido para empujar a Vicente Fox hacia la candidatura en las elecciones federales de entonces y finalmente en la Presidencia de la República.

Fue ahí cuando comenzó la debacle del PAN y su triunfo fue ideológicamente una derrota, pues el panismo que llegó al gobierno con Vicente Fox no fue el que durante más de medio siglo luchó con la bandera de la democracia  contra el autoritarismo priista.

Comandados por Fox, los hombres que llegaron al poder tras siete décadas de hegemonía tricolor no estuvieron ni preparados ni a la altura para desmontar la maquinaria corporativa y antidemocrática que los ciudadanos con su voto buscaban sacar de Los Pinos.

Por el contrario, el foxismo llevó al PAN los usos y costumbres del viejo PRI, las viejas estructuras corporativas, el uso político de la procuración de justicia, la corrupción en todos los niveles, el uso de recursos públicos para apoyar campañas electorales y el amiguismo que se corona con millonarios contratos para las empresas de los cuates.

Con Felipe Calderón, a pesar de reivindicar al panismo tradicional, la cosa no cambió mucho, más bien se agravó al sumarle el ingrediente de la fallida “guerra” contra el narco.

Hoy, Ernesto Cordero representa a ese calderonismo que tras perder el poder piensa refugiarse en la estructura del PAN, hacerse del control de su dirigencia para poder definir las candidaturas a los cargos de elección en las próximas elecciones locales y federales de 2015, mientras que Gustavo Madero pretende mantenerse en el liderazgo del partido que le arrebataron al entonces presidente Calderón, acusándolo precisamente de llevar al PAN a la derrota y que, perdida la Presidencia, se colgó del Pacto por México para sobrevivir ante el empuje del naciente gobierno de Enrique Peña Nieto y el PRI restaurado.

Por lo que se ve, no hay muchas esperanzas para el PAN en esta encrucijada al optar por Cordero o Madero, pues el primero representa el fracaso del panismo en el poder y el segundo el sometimiento de facto al acuerdo con el gobierno. Así, lo que tendrán que calcular los panistas es cuál de los aspirantes tiene mayores capacidades para ir abriendo la brecha que construya el camino de su regreso al poder presidencial.

nestor.ojeda@milenio.com