Vuelta prohibida

El descaro de Purificación

Acostumbrados a los escándalos en la política mexicana, resulta verdaderamente sorprendente el descaro con el que la hoy diputada del PRD Purificación Carpinteyro pretendió justificar su intención de hacer negocios millonarios a partir de la nueva legislación en materia de telecomunicaciones, en cuya confección participaba, y de la cual tuvo que ser obligada a excusarse.

En verdad la caradura, el descaro y la desvergüenza mostrada por ella al llamarse a sí misma “emprendedora” y aceptar y reconocer que buscaba beneficiarse de las nuevas leyes son de una absoluta inmoralidad y falta de ética, y en ese camino la acompañan quienes, a partir de sus fobias y filias, la señalan como víctima de un linchamiento en sus comentarios y columnas periodísticas. ¿Acaso los conflictos de interés y la corrupción son más graves dependiendo del partido al cual pertenezca el político descubierto con las manos en la masa? Evidentemente no, pero para esos opinadores parece ser que sí.

Tramposamente esos personajes pretenden exculpar a Puri al señalarla como víctima de linchamiento mediático, dejando de lado su reprobable comportamiento. Son los mismos opinadores “bien pensantes” que son capaces de justificar cualquier barbaridad protofascista y viene de los autodenominados defensores de las buenas causas y del pueblo bueno, llámense anarquistas o activistas de la CNTE o AMLO y sus pupilos.

El hecho concreto es que la señora fue exhibida como traficante, como mercader del poder y del dinero como hay muchos en todos los partidos políticos, pero como supuestamente en su vida pública ha enfilado sus baterías contra el duopolio televisivo, todas sus corruptelas deben ser perdonadas. Es verdaderamente patético ver cómo en artículos y comentarios las plumas supuestamente progresistas se olvidan de que la señora Carpinteyro ha sido, como Javier Corral, una mercenaria al servicio del monopolio de las telecomunicaciones, papel por el cual ha gozado de grandes privilegios políticos y económicos.

En fin, ahora la propia Purificación pretende embarrar a otros legisladores de su porquería pretendiendo hacer como si no hubiera torcido su responsabilidad como representante popular a favor de su interés personal y negando que el Congreso es un espacio en el que se expresan prácticamente todos los sectores ideológicos, sociales y económicos. Carpinteyro siempre ha hecho daño y seguramente seguirá intentando hacerlo, solo resta ver hasta dónde llega el impacto de su perversión.

nestor.ojeda@milenio.com