Vuelta prohibida

La crisis va para largo

La situación que hoy vive México es la de un rompecabezas difícil de resolver.

Por un lado hay un gobierno al que todos los escenarios positivos se le complicaron a grado tal que de ser considerado como el de una vanguardia llamada a “salvar a México” pasó al de un equipo con serias dificultades para enfrentar una crisis múltiple de credibilidad, corrupción, economía y seguridad.

Del otro se manifiesta una real resistencia a los cambios estructurales de parte de actores tan disímiles como los grandes grupos empresariales, el mundo académico e intelectual y la sociedad civil organizada, que tienen sin duda argumentos válidos para sus reclamos, pero que también son movidos en mucho por el afán de conservar las prebendas y privilegios de los que gozan las élites nacionales.

A ello se suma una clase política gobernante de origen priista, panista y perredista que no ha entendido los avances sociales y de acceso, difusión y debate de la información y que se conduce por ello bajo la creencia de que pueden seguir haciendo uso de los recursos públicos como si fueran de su propiedad y hacer negocios millonarios al amparo del poder y las relaciones.

Y, además, las nuevas generaciones que entran de lleno a la vida pública justamente indignadas por el estado de cosas que priva en el país irrumpen sin ideología ni proyecto que los aglutine más allá de la reiterada demanda de que se vaya Enrique Peña Nieto de la Presidencia, exigencia que no viene acompañada de una propuesta estructurada de cambio real y democrático y que se expresa en una efervescencia social aprovechada por sectores de corte populista-fascistoide para tratar de erigirse como la respuesta a todos los males nacionales.

Así se construye un momento para un México marcado por la polarización producto de la falta de reflexión y rechazo a la construcción de acuerdos tanto en un gobierno que no parece tener la capacidad de aceptar, adaptarse y enfrentar este adverso escenario con eficacia como en una sociedad sin referentes ideológicos, históricos y programáticos que le permitan empujar al poder en el rumbo del cambio democrático y la justicia social con propuestas concretas para el diseño de un nuevo acuerdo político y social para México.

Lo que se viene por delante es conflicto, la solución no se ve cerca y lo peor es que en los actores políticos y sociales no se aprecia voluntad de encontrar una salida a esta crisis que amenaza con agravarse.

nestor.ojeda@milenio.com