Vuelta prohibida

El boleto del Metro

Sin duda, el aumento de la tarifa del Metro es técnicamente justificado; es más, urgente. Un sistema como el del Metro de la Ciudad de México es fundamental para la vivida de una urbe en la que viven ocho millones de personas que comparten con otros 14 millones de mexicanos en su zona metropolitana.

El caso del Metro es un ejemplo típico de lo que de una forma u otra se repite en prácticamente todos los sectores e instituciones del país, en el que se conjugan las grandes virtudes y talentos mexicanos, pero también todas sus taras y vicios.

La ingeniería y logística que han hecho posible que en una ciudad como la capital mexicana, de complicados suelos fangosos y pedregales, funcionen las 12 líneas de trenes es suma de la inteligencia y el ingenio que caracterizan a una de las principales ramas de la industria, en este caso la de la construcción.

El orden y la disciplina de sus empleados han hecho posible que durante casi 45 años haya funcionado sin interrupciones memorables, con excepción de las provocadas por los sismos de 1985.

Sin embargo, una obra y un sistema tan grande han sido un brutal nido de corrupción tanto con las constructoras como con su sindicato y las empresas proveedoras que sin excepción deben llenar los bolsillos de los funcionarios del Metro y los líderes sindicales para conseguir contratos de obras, servicios y mantenimiento.

La tarifa del Metro no solo se ve impactada por los necesarios cambios tecnológicos y de la ampliación de su red e infraestructura, sino por la corrupción que hace que este transporte, como en muchos otros servicios como los educativos y de salud, se deterioren y se vuelvan poco eficientes y costosos a cuenta de los bolsillos de los contribuyentes.

Son los ciudadanos, los que pagan impuestos y los que usan estos servicios, los que terminan pagando los platos rotos por gobiernos que no logran contener el deterioro de las instituciones y los servicios públicos. Por eso, el aumento a la tarifa del Metro necesita ir acompañado de un profundo saneamiento de ese extraordinario sistema que es el Metro de la Ciudad de México.