Vuelta prohibida

Urge cautela y tolerancia

Finalmente ayer fueron liberados los 11 manifestantes detenidos durante el desalojo del Zócalo de la Ciudad de México y vale la pena hacer énfasis y diferenciarlos, pues estas personas no fueron arrestadas durante los disturbios provocados por encapuchados ese día frente a Palacio Nacional.

Quienes a los granaderos les lanzaron bombas molotov y los agredieron a tubazos fueron los autodenominados anaquistas, provocadores cuyo origen se desconoce, al igual que los intereses a los que responden; no atacaron a los policías las decenas de miles de personas que se manifestaron pacíficamente en las tres marchas que concluyeron en el multitudinario mitin que llenó la Plaza de la Constitución en el aniversario de la Revolución mexicana para mostrar su indignación por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa y su solidaridad con sus familias.

Desde el primer momento era evidente que los 11 arrestos hechos por la Policía Federal tras el desalojo del Zócalo no se podrían sostener. Pero en este contexto es inaceptable que el uso de la violencia por parte de los cuerpos policiacos se desate contra millares de ciudadanos indefensos que ejercían las inalienables libertades de expresión y manifestación, mientras no actúa contra unas decenas de anarcos violentos que, lo dicen en sus páginas de internet, tienen como objetivo incendiar todo y desatar el caos.

No es posible que a estas alturas, en medio de la crisis, las policías Federal y del DF no hayan detectado, neutralizado, capturado y llevado a proceso a esta mezcolanza de grupos violentos, pero lo peor es que tal parece que en ninguno de los niveles de gobierno se tiene plena conciencia de la diferencia entre los provocadores violentos y los activistas y manifestantes, los ciudadanos pues, comprometidos con las libertades democráticas y que salen a las calles sin cubrirse la cara y mucho menos usan o plantean la violencia como método de cambio.

Y para acabarla de amolar, también federales detuvieron en las inmediaciones de Ciudad Universitaria al activista Sandino Bucio de manera arbitraria y violenta para llevarlo a declarar a la PGR. El video de la detención circuló de manera viral en las redes sociales y sumó un elemento más a la indignación de amplios sectores sociales tras la tragedia de Ayotzinapa. El gobierno federal no saldrá de esta crisis si los cuerpos de seguridad pretenden enfrentarla violando los derechos humanos; se necesita una estrategia quirúrgica, tolerancia y mucha cautela.

nestor.ojeda@milenio.com