Vuelta prohibida

Reforma educativa muerta

Las palabras del secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, cayeron profundas y agudas sobre el Congreso como los clavos de ataúd: hay que legislar para definir quién es el patrón sustituto de los maestros en los estados, donde la resistencia impide que se sancione a los docentes que paran las clases en rechazo a la reforma educativa.

Y es que desde que el gobierno de Enrique Peña Nieto perfiló la reforma de la educación estaba claro que no habría cambio constitucional, legal y administrativo en el sector que valiera si este no era aplicado de manera efectiva en los estados de Oaxaca y Guerrero, donde el poder e impunidad de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación rebasa con mucho a los gobiernos locales, así como en Michoacán y Chiapas, entidades en las que si bien no alcanzan a suplantar a las autoridades, tienen gran capacidad de daño.

Sin su aplicación plena en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas, la reforma educativa es un absoluto fracaso, pues si no es posible lograr un cambio radical para intentar revertir el absoluto y criminal atraso en que se encuentran y sufren desde hace tres décadas varias generaciones de niños y adolecentes, en esos estados el llamado cambio estructural lo es solo en el discurso.

De nada vale que se publicite que más de 80 por ciento de los maestros participó en la evaluación docente ni que la Suprema Corte determine que el derecho a la educación de los niños está por encima de los derechos laborales de los disidentes y que éstos pueden ser cesados si reprueban la evaluación docente si 17 mil maestros pueden seguir cobrando su salario a pesar de haber faltado a clases dos semanas y que nada pase luego de que se revele que los dirigentes de la sección 22 cobran dobles y triples plazas para obtener ingresos de más de 100 mil pesos al mes, gracias a que tienen el control absoluto del Instituto de Educación Pública de Oaxaca y el gobernador Gabino Cué no los toca ni con el pétalo de una rosa aunque le pongan de cabeza el estado.

Les falló al gobierno federal y al Congreso la reforma educativa y este puede significar el mayor fracaso de esta administración, el cual será abonado por la complicidad del lopezobradorismo, el PRD y los sectores que ven, en un cálculo irresponsable y mezquino, el desbarrancar al gobierno de Enrique Peña Nieto como el único camino y requisito para “cambiar” y “salvar” a México.

Así las cosas, la reforma educativa puede ser una farsa, un drama o una broma, puede ser cualquier cosa, pero no el cambio sustantivo para sacar a los niños y jóvenes mexicanos de los últimos niveles de aprovechamiento de la OCDE y encaminarlos a la excelencia académica y el desarrollo social, laboral y económico.

nestor.ojeda@milenio.com