Vuelta prohibida

Partidos, medios y ley del embudo

Recién, el Instituto Nacional Electoral publicó una serie de recomendaciones para la cobertura de los medios en los procesos electorales, la cual es simplemente una muestra de cómo los partidos políticos han hecho de la legislación y los comicios su patrimonio en detrimento de la sociedad y de la democracia mexicanas.

Los lineamientos dados a conocer por el INE muestran y adolecen de dos fallas esenciales: una absoluta ignorancia de los principios básicos del periodismo y el doble rasero con que los partidos políticos establecen las reglas de los comicios.

El periodismo es fundamentalmente un ejercicio de discriminación de la información donde lo más novedoso, impactante y atractivo ocupa los espacios principales y más relevantes, mientras que lo menos importante es por definición menos noticioso y, por lo mismo, ocupa espacios más reducidos y evidentemente menos destacados.

Y los mismos criterios se aplican en las campañas electorales; sin duda, los candidatos más atractivos y competitivos son mucho más noticiosos que aquellos sin carisma y escasas posibilidades. Por ello, los medios centran su atención y cobertura, al igual que los electores y la sociedad, en los participantes que lideran la competencia.

En sus “sugerencias”, los consejeros del INE plantean que todos los partidos y candidatos tengan los mismos espacios y que los candidatos tengan garantizada réplica al ser aludidos por sus contrincantes. Pero no solo eso, establecen en sus reglas la insidiosa presunción de venta subrepticia de propaganda y espacios en los noticieros que no se sometan a su fallido criterio de equidad.

La perversión se revela cuando esos criterios supuestamente equitativos no son aplicados en el reparto de los recursos que el INE entrega a los partidos y mucho menos en la distribución de los tiempos oficiales para sus spots de campaña.

En esos casos, el reparto se hace de manera proporcional a la votación obtenida por cada partido en la elección anterior, lo cual beneficia sin duda a los partidos más grandes. La pregunta es por qué esos mismos partidos pretenden disponer de espacios privados como son los medios e imponer criterios de “equidad” que no aplican a los recursos públicos y los tiempos oficiales y que son claramente violatorios del derecho a la libertad.

El descaro con que los partidos pretenden imponer a los medios reglas que no se aplican a ellos mismos es simplemente deleznable y una muestra del autoritarismo con que se conducen y al que pretenden someter a la sociedad tras la máscara de un discurso pretendidamente democrático.

nestor.ojeda@milenio.com