Vuelta prohibida

París y los sembradores de odio

Tras los salvajes ataques del Estado Islámico en París resulta impresionante cómo el mensaje de odio de los terroristas contagió al mundo en unas horas. Gobiernos, intelectuales y ciudadanos reprodujeron mensajes de venganza e intolerancia contra todo tipo de creencias religiosas y tendencias políticas.

Las redes sociales se llenaron de condolencias y se convirtieron en escenario de lamentables debates y descalificaciones cuyo común denominador fue el maniqueísmo y la polarización. Se presentaron diversas manifestaciones antirreligiosas y reivindicaciones ideológicas de corte fundamentalista en las que se atrincheraron tanto conservadores como pretendidos progresistas.

Los radicales islámicos cumplieron así uno de sus objetivos permanentes: sembrar odio. Fue profundamente desalentador observar, por ejemplo, la forma en que periodistas latinoamericanos, franceses y de otras latitudes expresaron rechazo y molestia por los rezos, oraciones y plegarias de muchos creyentes tras los ataques, como si profesar una religión quitara el derecho de sentir dolor ante la masacre o de expresar solidaridad a las víctimas.

Es realmente triste atestiguar la manera en que los 129 muertos y 352 heridos del viernes en Francia se convirtieron en pretexto para que unos y otros se atrincheren en sus prejuicios raciales, ideológicos, religiosos y políticos; así las cosas, suenan falsos todos esos reclamos de democracia, igualdad, justicia y contra la discriminación que enarbolan organizaciones y escribidores de todo signo en medios y redes.

Ese es el caldo de cultivo para que se lancen una vez más los gobiernos poderosos del mundo a la guerra atroz, ahora contra el islamismo, y para que sus críticos y detractores encuentren "razones" para enarbolar un discursos antirreligiosos o, lo que es peor, encontrar justificaciones al terror.

Lejos, muy lejos estamos en México y el mundo de cambiar el rumbo y darle una respuesta distinta a la violencia y la barbarie, donde la tolerancia y conciliación contengan la autoritaria tentación de desconocer y excluir a los otros.


nestor.ojeda@milenio.com