Vuelta prohibida

El PRI, Peña, AMLO y la reforma energética

Con el comienzo del debate de la reforma energética inicia también la guerra por la definición del plan de gobierno y nación de Enrique Peña Nieto.

Y es que los grandes proyectos de infraestructura y desarrollo, así como los programas sociales de la administración peñista como la Cruzada Nacional contra el Hambre o la reforma educativa, tienen un elevado costo y no podrán concretarse únicamente con cambios legales o una gran suma de voluntades. Por ello urge un gran flujo de inversión que solo es posible con la apertura de ese sector a la iniciativa privada nacional y extranjera.

Los priistas lo saben y por eso no son pocos los preocupados que cuestionan la estrategia del gobierno federal orientada a lograr los acuerdos necesarios para conseguir las reformas estructurales que urgen para sacar a México de la parálisis que lo tiene estancado desde el sexenio de Ernesto Zedillo.

La principal crítica de prominentes priistas es que Peña haya apostado al Pacto por México como único instrumento para negociar los acuerdos necesarios para materializar las reformas, dejando a los senadores y diputados del Congreso en un incómodo papel secundario, cuando en realidad son los que tienen la representación y el poder de los votos para hacer realidad los cambios fundamentales en materias energética, hacendaria, fiscal, política, educativa y de transparencia. Pero no solo eso, sino que ahora el Presidente y el PRI se han convertido en rehenes de las agendas personales y partidarias de Gustavo Madero y Jesús Zambrano, los líderes del PAN y del PRD.

Las cosas se complican porque el debate de la reforma energética y de Pemex también es fundamental para el futuro del principal adversario político de Peña: Andrés Manuel López Obrador.

Y es que el debate dogmático sobre la inversión privada en Pemex es la única plataforma desde la cual López Obrador y sus aliados, como Marcelo Ebrad, René Bejarano y Alejandro Encinas, pueden construir una opción real de competencia rumbo a las elecciones presidenciales. Este grupo se juega la supervivencia política en esta lucha, por lo que no dudarán en llevar su lucha a las calles, fuera del Pacto y el Congreso, para descarrilar la reforma energética.

Así que, una vez más, el debate no se dará en función de las necesidades de desarrollo de México, sino a partir de las ambiciones personales de un pequeño grupo de políticos que lo único que ambicionan es el poder a cualquier costo, aunque signifique sacrificar el futuro del país.