Vuelta prohibida

El PRD, las reformas y la oposición

En este periodo ordinario de sesiones los mexicanos pudimos ser testigos de un hecho político de gran relevancia, la participación del Partido de la Revolución Democrática en la votación de polémicas leyes y reformas trascendentes para el país.

El voto perredista a favor de la reforma hacendaria-fiscal y su correspondiente ley de ingresos para el ejercicio 2014 inaugura al PRD como una fuerza política que decidió abandonar 15 años de asilamiento político legislativo.

El líder nacional perredista, Jesús Zambrano, y sus operadores en la Cámara de Diputados, Fernando Cuéllar y Luis Espinosa Cházaro, fueron muy claros en las últimas semanas al destacar su participación en las negociaciones de esa reforma con un factor para su enmienda final de aprobación.

El líder y los legisladores perredistas se han asumido públicamente como los responsables de tres importantes aspectos de la reforma hacendaria: la temprana cancelación del IVA en alimentos y medicinas, el fin del régimen de consolidación fiscal y el incremento del impuesto sobre la renta.

Sin duda, la reforma hacendaria-fiscal de Enrique Peña Nieto no cumple con el 100% de las expectativas generadas en torno a los cambios necesarios en esas materias que urgen a México. La deseada ampliación del número de contribuyentes simplemente no se ve posible con los cambios legales impulsados por esta administración, tampoco se ve que la evasión fiscal logre ser contenida y sus autores sean castigados, y la mayor es que se sigue sacando el dinero para llenar las arcas del gobierno de los bolsillos de los que siempre han pagado impuestos; sin embargo, hay que reconocer que con la eliminación de los impuestos especiales en una buena medida se acabó con el paraíso absoluto del que durante décadas han gozado los grandes empresarios mexicanos. Así que todavía falta mucho por hacer en cuanto a mejores servicios de gobierno pagados con los impuestos de los mexicanos.

Pero en el ámbito político el saldo es mucho mayor, porque por primera vez el gobierno, en este caso el priista, pacta con la llamada izquierda progresista una reforma estructural. El PRD, sin duda, se ha encontrado grandes resistencias a este paso, en primerísimo lugar de parte de la corriente bejaranista, mucho más cercana, sin duda, a los intereses de Andrés Mauel López Obrador que a los del partido. También desde la zona de Marcelo Ebrard, su Movimiento Progresista, que enfilado en la búsqueda de la presidencia de ese partido de plano llama a sus correligionarios a regresar a la senda de “la verdadera oposición” a partir del acuerdo del PRI y el PRD en la Cámara de Diputados.

Es decir, Ebrard, con su convocatoria, llama al PRD a seguir siendo el partido del “no”, a mantenerse aislado de las grandes decisiones que se toman en México a pesar de ser la tercera fuerza política del país. Así están las cosas con el PRD y en su próximo cambio de dirigencia se debatirá entre quedarse anclado al pasado o jugar un papel protagónico en la definición del rumbo de México.