Vuelta prohibida

Otro México

Sin duda está a punto de terminar el ciclo de las primeras grandes reformas estructurales desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, hace un cuarto de siglo. La promesa del gobierno de Enrique Peña Nieto, que se escucha ya en los promocionales de radio y tv de la administración federal, se puede resumir en que habrá internet para todos, servicios de comunicaciones baratos, mayor oferta y competencia en la televisión, electricidad más barata y de mejor calidad y combustibles a bajo precio para la industria y la población.

Suena bien en realidad; sin embargo, junto con esa promesa de modernidad y desarrollo está la agenda de los grandes pendientes en materia social y económica, en cuyo discurso el gobierno de Peña Nieto promete afrontar y superar con más empleos y más gasto público. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho, la desconfianza con que amplios sectores de la sociedad mexicana reciben este discurso tiene por desgracia fundamentos reales, ya que el primer ciclo de reformas modernizadoras que arrancó en el salinismo prometía lo mismo y ofrecía que esa modernidad sacaría a los mexicanos del atraso y la desigualdad, y 25 años después todavía hay millones de compatriotas que no tienen ni siquiera la posibilidad de alimentarse bien, cuya expresión en políticas públicas es la multipublicitada Cruzada contra el Hambre.

Además está pendiente la reforma del campo, un sector donde, frente a los propietarios de empresas agroindustriales y ganaderas, conviven campesinos que por millones también lo único que intentan al trabajar en sus cosechas es medio sobrevivir; y no podemos olvidar que la otra gran reforma, la que sería en materia de educación, está en veremos frente a la negativa absoluta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a que se aplique en los estados más atrasados del país, como son Oaxaca y Michoacán.

Por eso, al final de las cosas, en lo concreto, la única medida para saber si este nuevo ciclo de reformas estructurales tendrá éxito será que haya menos pobres, que haya empleo de calidad y en cantidad, que suban los niveles educativos, que haya mejores servicios de salud, educación y seguridad pública. De otra forma las grandes reformas serán simple y llanamente otro paso incompleto en el largo camino de México en busca del bienestar, el desarrollo y la igualdad de oportunidades para todos.

nestor.ojeda@milenio.com