Vuelta prohibida

Línea 12, la tumba de Ebrard


Por más que Marcelo Ebrard, ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, pretenda deslindarse de la responsabilidad que tiene en el monumental fracaso de la Línea 12 del Metro, eso es imposible.

Su argumento es que supuestamente la megaobra, que costó 26 mil millones de pesos a los contribuyentes mexicanos, estaba certificada plenamente y que a su administración solo le tocó operarla durante mes y medio.

Sin embargo, los documentos revelados recientemente por MILENIO Diario dan cuenta de que, desde 2009, el consorcio ICA-Carso-Alstom advirtió al director de Proyecto Metro, Enrique Horcasitas, que el trazo de la Línea Dorada incluía curvas tan pronunciadas que de manera natural provocarían el desgaste y las ondulaciones en las vías, lo que haría en extremo riesgoso el trayecto de los trenes en esa línea del Metro.

Pero no solo eso, el oficio también revela que el Gobierno del Distrito Federal, a través de Proyecto Metro, ordenó a los constructores mantener el trazo a pesar de los riesgos que implicaba, con el fin de “no afectar predios”
que requerirían ser expropiados para hacer menos cerradas las curvas y enmendar el trazo de la última línea del STC.

A la luz de estas revelaciones no queda duda de la responsabilidad absoluta del ex jefe de Gobierno y del director de Proyecto Metro en las fallas estructurales en la obra, pues subordinaron las necesidades y requerimientos técnicos de diseño e ingeniería para que el trazo de las vías fuera absolutamente eficiente y seguro a decisiones de carácter al parecer político, ya que al tratar de “no afectar predios” evidentemente parece que estaban pensando en no mermar la popularidad de Ebrard y no retrasar la conclusión de la obra con los litigios y protestas que provocaría la expropiación de terrenos y otros inmuebles para garantizar el correcto trazo de la Línea 12.

Tal parece que en su afán por inaugurar la Línea Dorada en su administración para colgarse la medalla de haber construido la obra más grande del sexenio pasado, Marcelo cavó su propia tumba; ya que, más allá de que la actual administración le recargue merecidamente la mano, fue evidente que pretendió triunfar para su propio beneficio político en la construcción de una obra de infraestructura de gran importancia para la Ciudad de México, la cual ahora no puede ser usada sin peligro por los capitalinos, por lo que el ex jefe de Gobierno no podrá zafarse del escándalo y evidentemente quedó absolutamente descalificado para poder competir por la presidencia del PRD, cargo que había elegido como el siguiente escalón de su carrera política.

nestor.ojeda@milenio.com