Vuelta prohibida

Basave y el muerto viviente

En el Partido de la Revolución Democrática la incógnita no era quién sería electo su nuevo dirigente, pues estaba la designación de Agustín Basave, diputado federal externo y habilitado en urgencia como militante, como presidente del Comité Ejecutivo Nacional; la verdadera interrogante es cómo su nuevo dirigente y las corrientes que aún se cobijan bajo sus siglas van a lograr sobrevivir en las próximas elecciones de 2016 y en las ya no tan lejanas presidenciales de 2018.

En lo inmediato no se ve de qué manera el perredismo se va a recuperar como fuerza electoral frente a la salida de sus dos figuras más prominentes, Lázaro Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. En el caso del ingeniero su salida, dicen los que participaron en las negociaciones previas a la definición de la efímera dirigencia de Carlos Navarrete, tuvo como origen la negativa de la mayoritaria pero en descenso corriente de Nueva Izquierda a entregarle a su fundador la dirigencia del partido, mientras en el caso de López Obrador, al negarse rotundamente a secundar su deseo de una tercera postulación presidencial.

Quizá el grupo de Los Chuchos, que encabezan Jesús Ortega y Jesús Zambrano, tuvo múltiples argumentos para rechazar las pretensiones de sus dos principales tlatoanis, pero en términos pragmáticos y matemáticos las sumas y restas electorales les salieron muy, pero muy mal, al grado de que su hoy principal adversario es El Peje, quien se ufana en spots de radio y mensajes por YouTube de que Morena es la mayoría en la Ciudad de México y que pronto se hará de la Presidencia de la República.

Lo que queda del PRD con Agustín Basave a la cabeza está enredado en los hilos de la indefinición ideológica, el pragmatismo electoral y la carencia de liderazgos y de una plataforma que ligue a ese partido con las aspiraciones de los amplios grupos sociales que antes lo vieron como una opción de cambio y reivindicación.

Hoy, en la rebatiña, el PRD se disputa con Morena el membrete de ser el partido que representa a la izquierda mexicana, en una pelea de mentiras porque ninguno de ellos encarna los ideales y el programa de las izquierdas en el mundo y mucho menos como una alternativa moderna de izquierda; a lo más, son partidos populistas con pretensiones progresistas, en sentido estricto son lo mismo, la diferencia real es que uno va de picada y el otro de subida.


nestor.ojeda@milenio.com