Pero ya no hay locos

Corría el año de 1968 y el otoño trajo consigo mucha sangre. Días antes del doloroso 2 de Octubre en la Plaza de las Tres Culturas, el 18 de septiembre, la ciudad de México fue testigo de otra pérdida, la del poeta español León Felipe.

León Felipe fue invitado por el escritor mexicano Alfonso Reyes, para unirse a los círculos intelectuales de la época, los mismos que abandonó al estallar la Guerra Civil Española, para trasladarse a su país natal y participar al lado de los republicanos.

Cuando León Felipe partió de México hacia España, Octavio Paz escribió en una revista mexicana: "Los hombres jóvenes de México, los poetas, que siempre y desde el principio, hemos estado con el pueblo español, obedientes al llamado de la Justicia y del corazón, saludamos en León Felipe a un gran espíritu profético y a todo su pueblo que lucha por su humanidad. Y queremos recoger en estas palabras del poeta el verdadero y hondo sentido del movimiento revolucionario de todo el Mundo: Entonces nuestras lágrimas tendrán un origen más ilustre. Entonces, cuando la Revolución del Hombre haya acabado con el último villano (...), nuestras alegrías, nuestros dolores, serán más puros (...)"

La Guerra Civil Española terminó el 1 de abril de 1939, cuando Franco se declaró Generalísimo y con ello instauró una dictadura que duró hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975. Los liberales entonces fueron exiliados, León Felipe regresó a México, al país que le extendió los brazos desde su llegada. Durante aquella época escribió varios poemas y recopilaciones como: ¡Qué lástima!, Versos y Blasfemias del caminante, ¡Oh, este viejo y roto violín! y La nada y la luz. En la lírica siempre evocó el amor hacia la madre patria, el dolor por el exilio y la desaprobación de las injusticias. Pese a que León Felipe realizó la mayor parte de su obra literaria en México, es una pena que no haya recibido un mayor reconocimiento, y peor, que ahora viva en el olvido. La razón quizá es, como escribió Max Aub, "Es, una generación aparte" y ello dificulta su clasificación. Basta con leer Pero ya no hay locos, y entender la magnificencia de sus versos.


"Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos,

infinitamente menos, que el orín de los perros;

si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos,

infinitamente menos categoría que el estiércol;

si no es ahora ... ¿cuándo se pierde el juicio?

Respondedme loqueros"