“Punk’s Not Dead”

Ser joven significa comerse el mundo. Así se gestó el Punk, en las décadas de los 60's y 70's, en el clima de la postguerra, la crisis de los misiles y el Mayo del 68. Años en los que el Rock comercial también encontró un gran mercado, los jóvenes estaban en las calles y el tema en boga era la política internacional. Un grupo escuchaba The Stooges y no querían rendirle cuentas ni a su madre, el otro escuchaba a los Beatles y creían en la paz. Pero todos compartían ideales de cambio.

Nick Kent, aclamado crítico de música, por razón o por despecho, siempre se refiere al Punk como un momento fugaz y casi sin sentido de la música, vivió sus mejores años durante esa época y formó parte de la banda Sex Pistols mucho antes que Johnny Rotten. Como Kent, muchos opinan que el único registro del movimiento, y por el cual nació, es la moda, el atuendo y, poco menos, la actitud. Lo cierto es que el movimiento musical fue joven, misantrópico no por definición sino por descontento en contra de todo sistema, siempre tuvo esperanzas y significó resistencia.

Ahora resulta utópico esperar que las ideas que nacieron en condiciones diferentes continúen con la misma vigencia. Las ciencias sociales hace 10 años, al llamar "tribus urbanas" a las los darks, punks, skatos y cualquier grupo joven que pudiera caber en el costal, marcaron el fin del post- post- post, pasamos de ser jóvenes a bichos raros. Todo cambió, pero no como esperábamos hace 40 años, más bien la diferenciación se separó de los adolescentes y dio paso a una individualidad perversa, egoísta y única.

Gracias al cielo, el cine siempre nos salva de las tinieblas de la desesperanza, y la película sueca "Vi är bäst" (Somos lo mejor) se sitúa en Estocolmo en 1982. Unas niñas de 12 años forman su propia banda de Punk. Las imágenes de la época son perfectas, escuchan casettes de KSMB y tienen vinilos casi imposibles de conseguir. La trama es un tributo al movimiento, es universal y local. Una historia de chicas con mohawks que incursionan en un mundo de hombres, y del que por supuesto no reclaman su derecho a partir del género, sino de su propia condición humana. No quieren ser concebidas como una banda de chicas, quieren ser una buena banda de Punk, y que todos entiendan que el Punk no ha muerto. Sólo lo llevamos en el corazón.m