Ich bin dein Freund

La pobreza, la violencia y la adultez prematura obligan a muchos niños a enfrentar una realidad ensordecedora, el cine nos ofrece múltiples visiones que exploran el insípido sueño americano, Desde los niños-jóvenes que desean trabajo en el país gabacho en La jaula de oro (2013), de Diego Quemada Díez, hasta la búsqueda del seno materno por Patricia Riggen en La misma luna (2007).

En México estamos muy familiarizados con la migración de connacionales y vecinos del centro y sur de América, seguramente conocemos al menos un caso de alguien que se fue al norte a buscar vida, y los niños han sido noticia por las traumáticas historias en las que han participado por cruzar pa'l otro lado. Pero, ¿qué hay de los que parten hacia Europa?

En esta búsqueda argumental de narrar historias en la pantalla grande sobre la migración, surgió el largometraje de Jorge Ramírez Suárez, Guten Tag, Ramón (2013).

La película es un emotivo recorrido de principio a fin, iniciamos en el frío y seco Durango, hasta llegar al frío de Alemania, de Frankfurt, a las orillas del río Rin (Rhein) en Wiesbaden. La cinta apenas toca el tema del crimen organizado y la violencia en México; la pobreza es la razón por la que Ramón, un adolescente que después de un fallido intento por cruzar la frontera norte, decide brincar el charco hacia el viejo continente. Jorge Ramírez nos ofrece un momento ameno y divertido de los mexicanos en Alemania, la amabilidad de este pueblo hacia los extranjeros e ilegales y, por supuesto, la desaprobación del pueblo alemán por los sucesos históricos a causa del Nacionalsocialismo. Ich bin dein Freund (yo soy tu amiga), son las palabras de la encargada de una tienda de alimentos hacia Ramón, palabras que marcan su vínculo con Alemania. Evidentemente las posturas se mezclan, existen seres bondadosos que confían en la buena voluntad de Ramón, y también los que muestran hostilidad por considerarlo ajeno.

Ruth es una mujer mayor que vive en un edificio de pensionados y entabla una conmovedora amistad con Ramón, relación que nos aleja de los límites del idioma y nos enseña que el cuerpo y la música bastan como lenguajes con el mínimo de significados compartidos.