Gabriel García Márquez

Eran mediados del año 2000 y mi abuela paterna sacó de un cuarto abandonado un montón de libros polvosos, sobresalía una edición de pasta gruesa color gris con un rectángulo rojo en el centro que decía "12 cuentos peregrinos". Desde entonces miré con mucho cariño cada escrito, que pasó por mis ojos, del maestro Gabriel García Márquez, el "Gabo", como le nombran.

Después de aquel descubrimiento, mi madre me regaló algunos libros y otros más que por curiosidad encontré, todos de reúso. Poco a poco entendí, que aquellas letras eran tan fascinantes y se convirtieron en una musa de otras artes. He de confesar que no soy una "cumbianchera", pero cuando escuché por primera vez "Macondo" de Celso Piña, mi esqueleto con pocas cualidades motrices inició sin pudor un baile patético.

5 años después de mi primer encuentro con Márquez, encontré en la casa de una amiga "Memorias de mis putas tristes", libro que hurté con pleno consentimiento de ella, "sí, es de mi papá y ya lo leyó". Años más tarde supe que sería filmada la novela, escuché comentarios donde se le tachaba al escritor por narrar una apología pederasta, me sobresaltaron esos comentarios, a mí siempre me pareció más bien un recorrido humano, de esos de los que siempre habla García Márquez, donde al final nos percatamos de estar solos, completamente solos; donde buscamos en cada detalle algo de nuestro pasado, que nos recuerde lo que somos a partir de todas nuestras experiencias, más que una novela sexual. De eso mismo trata "Vivir para contarla", del pesar que sucede cuando nos formarnos en los procesos establecidos. Escribe Márquez "Había desertado de la universidad el año anterior, con la ilusión temeraria de vivir del periodismo y la literatura sin necesidad de aprenderlos, animado por una frase que creo haber leído en Bernard Shaw: "Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela". No fui capaz de discutirlo con nadie, porque sentía, sin poder explicarlo, que mis razones solo podían ser válidas para mí mismo". Y al igual que Márquez, no corrí con tanta suerte de explicar a mis padres con una línea, que en realidad no necesitaba ir a la universidad.

Respecto al cine intenté mirar las obras inspiradas por el escritor colombiano sin mucho éxito, y sé que al maestro Ripstein no le importará mucho mi opinión, pero hay veces que la abstracción del pensamiento en acciones es innecesaria, cuando la palabra alcanza un éxtasis completo en la escritura, en la palabra misma, a veces no requiere de lenguajes complementarios. Sin embargo guardo un enorme respeto y admiración al acto de creación por existencia misma. Se trata más de una cuestión personal, conocí a Márquez en la escritura, quizá por ello nunca pude ver en películas sus historias Felicidades maestro.