De la Escuela Cínica al Nihilismo contemporáneo

¿Por qué resulta tan complicado, solo desear una taza de café? La ópera prima de Jan-Ole Gerster “Oh Boy” sería el perfecto anuncio publicitario de cualquier transnacional de café. Sin embargo y por fortuna, no es así. La cinta más bien es un poema nihilista depurado, cínico, un pedazo de filosofía acondicionada para la contemporaneidad.

Gerster se formó en la escuela de Wolfgang Becker (Good bye Lenin, 2003). Heredó la desinibición para hablar de una sociedad alemana víctima de los tiempos modernos, vacía, sorda y necesitada de liberar sus traumas.

Las imágenes en blanco y negro de “Oh Boy” narran la vida de Niko Fischer, un “yuppie”  Berlinés que se enfrenta a múltiples reproches de otra temporalidad nunca explicada. La cámara nos convierte en testigo de la vida reinterpretada, sin objetivos, sin principio y sin destino del protagonista.

24 horas acompañamos a Niko en un día normal y somos partícipes de la tormentosa interrogación  humana que se apodera de todos los personajes. ¿Para qué vivimos? ¿Para asistir a un campamento infantil de nutrición, bajar de peso y luego vengar los malos tratos? O tal vez para esperar el trabajo perfecto ¿Parar llorar por el pasado? O para ¿Demostrar el poder que poseemos? ¿Qué nos hace grandes en la vida? ¿La estatura? ¿El dinero? ¿La fama?. Niko atrapado por la libertad y el libre albedrío, no entiende la culpa que experimentan sus conocidos, es más, quiere escapar a toda costa de ellos, no espera redimir aquellas almas, sólo  escucha y confía que encuentren en algún momento aquello que aferradamente reclaman de él.

La trama termina cuando Fischer sin éxito intenta salvar la vida de un anciano nazi, pasa toda la noche en el hospital esperando su recuperación hasta que una enfermera le avisa sobre el deceso. Al fin, después de un día exhausto y de que Gerster nos demuestra la relatividad del tiempo, Niko encuentra en el nuevo día una taza de café... ¿Qué más podemos pedir?