Cultura Médica

Todo empezó con una subluxación en la zona lumbar de mi madre, el médico recetó unas pastillas para el dolor, el diagnóstico no parecía severo, no requería hospitalización, sólo total reposo. "Usted quédese unos días en su cama y mejórese pronto", fueron las palabras del doctor, y casi nos mata de risa.

Los días pasaron y ya saben cómo son las madres, si les recomiendan untarse popó de bebé recién nacido tres veces al día, lo hacen. Y esto lo digo porque en una ocasión sufrí los estragos de estos remedios, después de 4 intentos de menjurjes, entre los que destaca el mezcal como loción después de la ducha, mi madre se dio por vencida.

Menciono esto porque la cultura del cuidado de la salud en México es complicada, muchas personas se niegan a ir al doctor hasta encontrarse medio moribundos y aceptan casi cualquier remedio para sanar. Para mi fortuna, me recomendaron llevar a mi madre a una Universidad fundada por el gobierno del Estado de México, que cuenta desde hace 2 años con un centro de atención especializada en prácticas alternativas. Así conocí la quiropráctica, antes pude confundirla con el trabajo del huesero o de un masajista.

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la quiropráctica como un servicio de atención de salud primario y en países como Canadá, Suiza y México la práctica cuenta con un reconocimiento oficial, los egresados se titulan bajo los mismos criterios de universidades públicas. Muchos debates giran en torno a la quiropráctica y mencionan que ésta puede aliviar el dolor a largo plazo, pero en general el resultado en el paciente es un efecto placebo.

Con las recientes protestas de #YoSoy17 se abren nuevos senderos e interrogantes sobre el uso de la medicina, el papel del doctor y del Estado como proveedor de salud, y que el servicio no sea negocio redondo para las farmacéuticas y el mercado de salud privado.

Un grupo de psiquiatras realizaron una investigación en la Ciudad de México en donde explicaron cuáles son las enfermedades por las que recurren las personas a la medicina tradicional, por ejemplo: envidia, insomnio, nervios y depresión; mientras que en los contextos rurales, los curanderos sí aplican como médicos y curan fiebre, problemas de la piel, tos y dolor de garganta. Desafortunadamente los males no sólo se reducen a médicos, el eventual éxito de los consultorios psicológicos y las nuevas especialidades como terapia física, terapia ocupacional y gerontología denotan una época de soledad.