Creación de Afrodita y Hermes

En “El banquete” del filósofo Platón, Aristófanes describe que desde tiempos remotos existen 3 sexos: femenino, masculino y andrógino, estos últimos como seres de dos cabezas perfectamente iguales, cuatro brazos y cuatro piernas. Según la mitología griega Hermafrodito era un muchacho de belleza andrógina.

Cuando Afrodita quedó preñada de Hermes se sintió culpable por el acto, así que abandonó y dejó al cuidado de las ninfas al pequeño. Un día, mientras el muchacho nadaba desnudo en un lago de aguas cristalinas, hogar de la ninfa Salmacis, recibió una propuesta de ella.

“Feliz tú que si eres mortal y feliz la mujer que te ha nutrido en su seno, pero mucho más feliz tu amada (…) pero si ella no existe todavía, si tu corazón es virgen todavía a los deseos y al amor, yo te amo, te deseo y quiero compartir contigo mi lecho”. Hermafrodito no comprendía sobre el amor y Salmacis interpretó la huída como un rechazo, se propuso esperar al joven para no separarse de él jamás. Ante las súplicas, los dioses los fusionaron y convirtieron en un ser hermoso de doble sexo, “el sexo perfecto”.

Desde la edad media, la intersexualidad representa un problema médico que la sociedad resuelve decidiendo el sexo de la persona, al cual tendrá que atenerse para desarrollarlo en una suerte de imposición. En la mayoría de los casos la decisión recaía en el padrino al momento del bautismo.

Posteriormente los médicos se encargaron de descubrir ese enigma humanizado, donde los hermafroditas tachados de pseudo-hermafroditas, escondían, detrás de esa apariencia sexual, la verdad de su condición natural.

Michel Foucault se interroga sobre “el verdadero sexo” al escribir acerca de Herculine Barbin, también conocida como Alexina B, un hermafrodita asignado mujer. La historia termina en un trágico deceso, pues es sometida a un cambio de sexo legal incentivado por el malestar de la sociedad, que evoca dudas sobre la preferencia sexual de los “Otros”.

La asignación se relaciona con la moral, una duda perpetua que se resuelve determinando “qué somos y quiénes somos” y que prevalece aún en las prácticas contemporáneas. Las sociedades se abren poco a poco ante la idea del amor en todas las representaciones pero aún confluyen muchos dogmas y miedos sobre las elecciones personales, concebidas en su mayoría como errores del comportamiento común.