No Amnesty

Porque queremos "Pan y rosas", es la frase con la que iniciaron en 1912 una serie de huelgas encabezadas por mujeres latinoamericanas que trabajaban en los edificios de Los Ángeles, en el área de intendencia, exigiendo buenas condiciones laborales. Por supuesto, las buenas historias no deben olvidarse y en el 2000, Ken Loach adaptó los hechos a la pantalla grande.

El problema de la migración es redondo, significa una incapacidad de los Estados por dotar de seguridad, salud, empleo y buenas condiciones de vida a sus habitantes. Nos demuestra un obtuso modelo económico donde no basta con soñar, luego hay que enfrentarse a la explotación laboral, malas condiciones y discriminación. Importa nada si eres víctima de la trata y prostitución, si eres secuestrado, extorsionado o mueres en el desierto. El sueño americano ahí está como una prodigiosa respuesta, una absurda representación del paraíso.

De esto nos habla Diego Quemada Diez en "La jaula de oro". Apenas vemos a Sara cortándose el cabello y escondiendo sus senos tras unos vendajes y no podemos imaginar la incertidumbre en la que nos mantendrá la película. Sara, Juan y Chauk son víctimas de la estructura económica mundial, en su futuro no caben los sueños. La cámara es un espectador inerte, que se mantiene al lado de los chicos enfrentándose a un mundo más pesaroso que el propio: la zona tres de Guatemala y la selva chiapaneca; las secuencias son suavizadas por una toma vertical que contempla la caída de nieve en un cielo oscuro, como una difusa esperanza y el recuerdo de que ellos aún son niños. La película es perfecta de inicio a fin, aborda el problema de la migración desde todas sus vertientes, incluso nos incita a la temida pregunta: ¿Pobres pero felices?

Cada día más niños latinoamericanos intentan cruzar la frontera, solos, algunos mueren y dan cuenta de la ausencia de justicia y la impunidad en la que vivimos, como el reciente caso de Noemí, la niña que, según declaraciones oficiales, se suicidó después de ser detenido el pollero que la llevaría con su abuela, donde la muerte se naturaliza y no se cuestionan razones. Basta con que los republicanos conservadores salgan a las calles a protestar (¿de qué?). Por supuesto, no por la falta de empleos, o el precio exorbitante de la gasolina, o las malas condiciones laborales. Indigna que se manifiesten contra la reforma migratoria en Estados Unidos, y con consignas como "No Amnesty!" "No Amnesty for Illegals!".