Siguiéndote los pasos

De cultura y seguridad

Mientras Toluca, Metepec y Valle de Bravo se transformaban en grandes escenarios de sendos festivales culturales, en los recovecos de sus calles, fuera del reflector y del distractor, los homicidios, asaltos, secuestros, balaceras, enfrentamientos, ejecuciones, seguían registrándose en las tres ciudades.

Los alcaldes de esos tres municipios, quizás de los más importantes por tratarse de la capital de la entidad y sede de los poderes políticos y los otros dos por los ingresos económicos que significan, están empeñados en hacerse de oídos sordos y de la vista gorda.

Martha Hilda González Calderón, Carolina Morroy del Mazo y Francisco Reynoso Isarde, tienen frente a ellos un severo problema de inseguridad y de credibilidad. El Mando Único no ha funcionado como se esperaba y el crimen avanza inexorable en el Estado de México, ante la pasividad de las autoridades.

Esta tercia de alcaldes ha pretendido sin cesar y sin éxito alguno, ignorar el caos que hay en sus municipios. Aprovechando que se acercaban las fechas de los tradicionales y exitosos festivales culturales: Alfeñique, Quimera y las Almas, fingieron el aquí no pasa nada y mostraron a la sociedad un escenario poco creíble.

En el momento en que los asistentes a los festivales disfrutaban de actuaciones como las de Filippa Giordano, Lila Downs o Diego El Cigala, en las calles de Toluca, Metepec y Valle de Bravo, se sucedían hechos sangrientos, violentos, mafiosos.

El Estado de México está tomado por la delincuencia organizada. El narcotráfico, el secuestro y la extorsión han encontrado en esta entidad un sitio paradisiaco para florecer y mantener su estatus sin ningún obstáculo.

Los mexiquenses cohabitamos con la violencia. Estamos rodeados de ella, permanentemente nos avasalla en las calles y en los medios de comunicación.

No hay día en que no nos enteremos de un hecho sangriento, y éstos, lamentablemente, cada día se acercan más a nuestra puerta, pero el empeño de las autoridades por hacernos creer que no existe lo que padecemos a diario, a veces, por no decir siempre, llega a los límites de lo inverosímil y de la burla.

Está claro que la inseguridad en el país y en cada uno de los lugares en que vivimos y nos desarrollamos, es más que evidente, aunque las autoridades la ignoren, pretendiendo que, con ello, deje de existir.