Siguiéndote los pasos

La catástrofe

Comparada con los sismos de 1985, la catástrofe registrada en 60 por ciento del territorio de Guerrero, por el paso de los fenómenos “Ingrid” y “Manuel” debe llevar a una profunda reflexión a todas las autoridades involucradas en el desastre.

No ha sido posible superar la emergencia, se continúan registrando damnificados, personas a las que no les llega el auxilio, pueblos incomunicados, desaparecidos, muertos, desplazados, gente sin hogar ni pertenencias.

Hubo omisiones, indolencia, corrupción, impunidad, abuso, agandalle y persiste el problema. No deja de ser penoso escuchar las llamadas de auxilio, las quejas por la ayuda no prestada, por la segregación y la discriminación, de la que fueron y han sido objeto cientos de mexicanos afectados por el temporal.

Pero la catástrofe va más allá de lo material, la catástrofe se presenta en el terreno de lo moral, desde ambos bandos -los desprotegidos y las autoridades-, se muestra la miseria humana.

Del lado de los desprotegidos, basta ver el video difundido en redes sociales sobre la venta de despensas del DIF a 35 pesos en un mercado de Guerrero, o el saqueo a centros comerciales, donde la gente se llevaba artículos de lujo en lugar de los de primera necesidad o las fotos de júniors presumiendo ser los primeros en salir de Acapulco, cuando comenzó la evacuación de turistas.

O saber que el encargado de administrar el Fonden (Fondo Nacional de Desastres), José María Fernández Tapia, se encontraba en Las Vegas, apostando y bebiendo; o que el gobernador de Guerrero, Manuel Aguirre, se encontraba en una fiesta en la casa de Gobierno, mientras “Manuel” desataba su furia sobre territorio guerrerense; o que pese a que fueron alertados de los fenómenos, ninguna autoridad, ni estatal ni municipal, hizo nada por aminorar el impacto en la población.

Así, cunden ejemplos, como el rescate de turistas VIP, con aviones del Ejército, o traslados en helicópteros oficiales del Gobierno mexiquenses de personajes televisivos poco éticos que fueron a lucrar con la desgracia de los guerrerenses.

Pero en medio del desastre, también cundieron los ejemplos de solidaridad y apoyo a los afectados, por eso hay que destacar la ayuda desinteresada de los cuerpos de emergencia, como la Cruz Roja Mexicana o los Topos, que acudieron sin reparo a apoyar a familias enteras que quedaron incomunicadas.