Siguiéndote los pasos

Ira

Cada vez son más las noticias que salen a los medios sobre personas que toman una supuesta justicia en sus manos y llegan a asesinar a personas que presuntamente son delincuentes. La ira desatada entre los mexicanos tiene visos de revanchismo, de odio, de furia, de ira, de venganza.

Y es que es cada vez más evidente la impunidad y la corrupción que campea en todos los niveles de la administración. Los delincuentes siguen haciendo de las suyas en nuestro país, bajo el amparo y protección de los gobiernos de los tres ámbitos.

Hechos gravísimos se quedan sin investigación y solo se dan respuestas, políticamente correctas, para satisfacer la presión mediática, pero que no llegan al fondo de los delitos y éstos se quedan en la total impunidad. Véanse los casos de Ayotzinapa y los asesinatos de la colonia Narvarte.

Ambos ejemplos son los más recientes, pero así, como ésos, hay infinidad. La primera vez que se conoció de una ejecución masiva, los mexicanos nos asombramos y condenamos los actos; ahora, por desfortuna, se han convertido en un asunto cotidiano. Los argumentos de "hechos aislados" o "hechos atípicos y temporales", se han quedado, desde hace mucho tiempo sin sostén.

Cada una de estas acciones llevan a la sociedad por caminos muy peligrosos, donde acercarse a pueblos y colonias desconocidos, siendo uno forastero en su propio país, lo pueden conducir a la pena de muerte, sin mediar juicio; la simple sospecha es suficiente para enardecer a la turba y morir a manos de la ira, de la venganza, de la furia.

Hechos tan lamentables los pudimos conocer recientemente, cuando dos jóvenes encuestadores de Lerma, fueron "confundidos" con secuestradores. Los habitantes de Ajalpan, pequeño poblado en Puebla, entraron en furia, cuando una menor acusó a los jóvenes de querer secuestrarla. Sin más, los pobladores, arremetieron contra la policía, que ya los había detenido, y se fueron sobre los desconocidos, a quienes golpearon y quemaron vivos.

Pero la ira no sólo fue hacia los encuestadores. La población destruyó las instalaciones de la policía y cargaron contra los seis policías del lugar, quemaron patrullas y documentación.

Si hechos como este no ponen en alerta al gobierno, no sé dónde están parados. Ningún país que se precie de democrático permite situaciones tan peligrosas, sobre todo porque en una democracia, la impunidad y la corrupción no existen y si las hay son castigadas con todo el peso de la ley. Pero en México, no, porque no es una democracia y mucho menos avanzado.

PASOS EN FALSO

Qué bueno que el temible huracán Patricia no provocó desgracias, pero que quede de lección al gobierno. Alarmar a la población no es el camino. La prevención sí. Los titulares espectaculares y los tuits incendiarios, pueden, como en este caso, revertirse.