Siguiéndote los pasos

Informe

Desde hace mucho tiempo, el Congreso de la Unión ha dejado de ser escenario de los informes de gobierno. Desde la llegada de los panistas a la presidencia, en un afán de evitar gritos y sombrerazos y no enfrentar las inconformidades, los mandatarios en turno decidieron hacer su fiesta aparte.

El caso del presidente Enrique Peña Nieto no podría ser distinto. Nostálgico del presidencialismo, de la pleitesía, y fanático de la adulación fácil, el ahora mandatario de la nación se hace su fiesta propia, tan propia que hasta manda cerrar el zócalo de la Ciudad de México para convertirlo en un estacionamiento gigante para sus invitados a Palacio Nacional.

Pero, más allá de estas anécdotas, que no dejan de indignar a muchos, el segundo informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, tiene que ser analizado a profundidad, no por lo dicho, sino por todo aquello que se omite.

A los gobernantes no les gusta hablar sobre cosas feas, sobre temas que puedan restarles votos y simpatías, como es la corrupción, que, por ejemplo, tiene a México en la lista de los 10 más corruptos del mundo, o de la inseguridad, que igual tiene a nuestro país entre los tres primeros más peligrosos del orbe y que, en lo que va del mandato peñista, las cifras de muertos a anos del crimen organizado, ya bate cualquier récord.

O que México es el único país de América Latina que en 2013, registró un incremento en la pobreza de 0.8 por ciento, con respecto a 2012, según informó la Comisión Económica para América Latina (Cepal). O que la deuda pública se desbordó y aumentó en un billón 235 mil 49 millones de pesos, lo que significa que cada mexicano, al nacer ya debe 61 mil pesos. ni más ni menos.

Tampoco gustan de informar sobre los efectos negativos de las reformas energética ni de telecomunicaciones o sobre las ya famosos gasolinazos, que tienen a nuestro país, también, entre las naciones donde se vende más caro este combustible.

No, no nos dicen nada de eso, sólo nos explican lo bonito, como que construirán otro aeropuerto, sin mencionar el grave conflicto que se gestó en tiempos del panista Vicente Fox Quesada y que, por cierto, el actual mandatario nacional, Enrique Peña Nieto, aplastó a base de represión y violación de derechos humanos y que ahora nuevamente empieza a renacer.

Son tiempos del presidencialismo agrio y anquilosado, ese que ya parecía superado. Es turno del recuento de "éxitos" y nada de fracasos.