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Enfermos

En un afán de "transparentar" las acciones del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, su oficina de prensa dio a conocer el lunes por la noche que el mandatario suspendía su agenda de trabajo durante 36 horas por encontrarse enfermo de las vías urinarias. Este martes, reanudó sus actividades, de su padecimiento ni rastro.

La salud de los mandatarios de cualquier país siempre genera polémica. Hay quienes abiertamente advierten sobre sus malestares y hay quien cubre y encubre todo lo que tenga que ver con su bienestar físico y emocional.

En México, la salud del expresidente Vicente Fox Quezada fue tema de debate y polémica. Incluso se llegó a cuestionar su salud mental cuando se conoció, tiempo después y por rumores, que tomaba Prozac. Y qué decir de Felipe Calderón, a quien achacan padecer de alcoholismo.

En la actualidad, es objeto de escrutinio popular, la fortaleza física del presidente Enrique Peña Nieto. Hay quienes aseguran que el mandatario federal se encuentra gravemente enfermo, que su apariencia lo delata, y que frecuentemente sale del país para tratarse en Estados Unidos. Hasta ahora son sólo habladurías, no se ha confirmado absolutamente nada.

Pero eso sí, tanto Vicente Fox como Felipe Calderón y Peña Nieto han clasificado la información sobre su salud, aludiendo que se trata de un dato personal confidencial, de acuerdo al artículo 16 constitucional, y a lo dispuesto por la Ley Federal de Datos Personales en Posesión de los Particulares.

Sin embargo, también existen voces que advierten con sobrada razón que la salud de los gobernantes es un asunto de estado y por tanto, se debe informar a la ciudadanía sobre las enfermedades que padecen, puesto que es necesario saber si su capacidad para ejercer sus funciones públicas no se ven afectadas.

De todos modos, cualquiera que sea la decisión que se tome, difundir o no si se padece alguna enfermedad, siempre será cuestionado por la ciudadanía, pues se espera que quien nos gobierna tenga una salud de hierro, para que pueda hacerse cargo del mandato a cabalidad, y si no, pues mejor que se vaya para su casa.