Siguiéndote los pasos

Decálogo

Las condiciones sociales que privan en México, han provocado reacciones casi improvisadas desde el gobierno federal para paliar un poco el descontento popular que provocó la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.

A dos meses de los lamentables hechos, y con multitudinarias manifestaciones, tanto en el plano nacional como en el internacional, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, quiso mostrar un lado "humano y empático" con la sociedad a la que gobierna, pero fue demasiado tarde.

El decálogo de buenas intenciones, presentado la semana pasada, que busca de alguna manera evitar que hechos como el de los normalistas rurales de Ayotzinapa en Guerrero se vuelvan a repetir, llega tarde y de mala manera.

Y es que no es la primera vez que se registran hechos lamentables en nuestro país que requerían una respuesta inmediata del gobierno, sino que Ayotzinapa fue la gota que derramó el vaso, un vaso que, sin embargo, ya estaba rebosante de situaciones insostenibles.

Las cifras demuestran los hechos. A dos años del gobierno peñista, el número de muertos a manos de la delincuencia organizada supera los 60 mil y las desapariciones forzadas alcanzan las 26 mil. Estamos hablando desde 2007.

Hoy en México, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, enfrenta la peor crisis de inseguridad de todos los tiempos y, su decálogo, no muestra más que la falta de una estrategia y de una política pública de seguridad y justicia.

Ayotzinapa no fue más que el detonante, el que sacó a la luz lo podrido de un sistema corrupto que fomenta la impunidad. El fracaso del gobierno federal, por desgracia, es el fracaso de todo un país, de un Estado fallido, donde los sistemas de procuración y administración de justicia no funcionan; donde la prevención del delito no existe y donde la seguridad de los ciudadanos es letra muerta.

PASOS EN FALSO

Criminalizar la protesta social es una de las ya conocidas estrategias del gobierno de Enrique Peña Nieto, lo hizo con los campesinos de San Salvador Atenco y lo está haciendo hoy con los manifestantes por Ayotzinapa.

No son extrañas las detenciones de algunos de los inconformes como muestra de la mano dura ni tampoco es nuevo lo de la infiltración de radicales.