Cazapalabras

¿Es la RAE un mal necesario?

He escuchado y leído críticas a la Real Academia Española (RAE), en el sentido de que sus normas gramaticales son arbitrarias y muchas veces con poco fundamento. Que ellos (los académicos) son los dueños del balón y por tanto marcan las reglas del juego, con determinaciones que no tienen posibilidad de réplica.

Como parte de los argumentos en estas críticas, dicen que la Academia no es la dueña del idioma español, que los verdaderos dueños somos los usuarios de todos los países del mundo donde se habla español.

“(...) En lugar de arrojar luz, la RAE a veces crea oscuridad y confusión con sus normas. Y las academias del lenguaje locales obedecen en lugar de proponer, de criticar lo que está mal. También las casas editoriales toman al pie de la letra muchas de las disposiciones de la RAE, con lo que se estanca la investigación”, dice Carlos López, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en su Crítica a la Ortografía de la lengua española.

De igual manera, señala que en las universidades se educa con espíritu acrítico, conformista y se acepta de manera dócil el principio de autoridad, con lo que se imponen el canon y la tradición menos propositiva.

Hay mucho de realidad en dichos señalamientos; sin embargo, en la actualidad la RAE da apertura a la crítica, a las sugerencias y propuestas de los usuarios del idioma en todo el mundo. Yo les consulté esta posibilidad y me contestaron de inmediato del Departamento de Español al Día:

“Estimado Sr. Cervantes: En relación con su consulta, nos complace comunicarle que se ha habilitado un servicio específico para aquellas propuestas o sugerencias relacionadas con el Diccionario de la lengua española, al que puede usted acceder a través del formulario de la UNIDRAE, disponible de lunes a viernes en nuestra página electrónica. Le rogamos envíe su comunicación por el medio señalado: http://www.rae.es/formulario/unidrae.

La RAE no es un mal necesario, es una institución más que necesaria, indispensable, desde su creación formal, en Madrid en 1713, por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga octavo marqués de Villena, quien fue también su primer director.

Siempre he dicho que un idioma sin gramática sería como una nación sin constitución política que marque los derechos y obligaciones de sus habitantes. Ni las instituciones ni las normas son perfectas, son perenemente perfectibles.

No creo que la anarquía hubiera sido preferible al seguimiento de una gramática del idioma. ¿Cómo sería hoy nuestro idioma si en las escuelas nunca nos hubieran enseñado las normas básicas de la forma correcta de hablar y escribir? ¿Tendríamos un spanglish o un esperanto en lugar de nuestro hermosísimo idioma?

La luz del español, su limpieza, su belleza, son patrimonio, heredado y heredable, de todos los hablantes. La Real Academia Española y las 22 academias, en las que se incluye la Academia Mexicana de la Lengua, deben hacer honor al lema académico, tan ingenioso y comercial, que ha permanecido invariable a lo largo de tres siglos: Limpia, fija y da esplendor.

moises.cervantes@milenio.com