Nos quedamos como 'El Valemadres'

Todos tuvimos a un compañero así en la secundaria. Ese que jamás se tomaba las cosas en serio. Nunca traía la tarea, era el primero en ponerse a bailar en las fiestas y muy seguramente el que había introducido el par de six packs que circulaban entre los más aventados que en cuestión de minutos ya lucían ebrios, más por las ganas de estarlo que por los efectos de lo que consumían. Todos lo llamaban por su apodo, que pudo haber sido El Compa, El Jarras, El Valemadres o un apelativo semejante.

La única dignidad de este espécimen le venía de la incomprensible amistad que tenía con su antítesis. El más aplicado, el siempre puntual, el que saludaba con extrema educación a cada uno de los maestros, a quienes mantenía satisfechos con un cumplimiento perfecto de los deberes, atención y participación admirables en la clase era, sorprendentemente, el más cercano cuate de El Valemadres. No sólo eso, le hacía la tarea, le presentaba chicas y hasta le prestaba dinero. Nadie jamás entendió esta extrañísima amistad. Como a nadie sorprendió tampoco que el dorado futuro que se avizoraba para el aplicado llegara al fin y que, precisamente, fuera su predecible éxito el que lo alejara de su impresentable compadre.

Ayer en México asistimos a una representación más de ese melodrama. En el papel de El Valemadres: el gobierno mexicano. En el rol del cuate que nadie se explica cómo nos hizo caso por tantísimo tiempo: Agustín Carstens.

Lo increíble no es que se vaya, sino que nos haya durado tanto. La verdad no nos lo merecíamos. Ya hace tiempo que los vaivenes económicos lo hicieron prender las alertas mientras desahogaba su agenda en París. Hoy, en un momento tan difícil, nos llueve sobre mojado. El Ábrete Sésamo de nuestra solidez financiera dice hasta aquí. El Valemadres se ha quedado solo, sin el aval de su amigo ya no habrá quién quiera incluirlo en la lista de los frecuentables.

Politóloga*
miriamhd4@yahoo.com