El temor original

La Comisión Estatal Electoral está próxima a dar cumplimiento al ordenamiento legal de destruir las boletas utilizadas en los pasados comicios locales. No faltaron las voces que se alzaron cuestionando si no sería mejor resguardar dicho material para que los electorólogos del futuro tengan información de primera mano para sus investigaciones.

Como respuesta a este llamado, planteo algunas reflexiones. La primera de ellas tiene que ver con que los funcionarios de casilla suelen hacer bien su trabajo. La gran mayoría de las actas reúnen las condiciones mínimas para dar certeza acerca del trabajo de conteo de votos. Los potenciales errores se corrigen, además, en el proceso de los cómputos en el que se identifican aquellos paquetes que al no contar con las actas pegadas al exterior, o presentar inconsistencias en las cifras consignadas y sus sumatorias, o bien con respecto a las copias de las mismas que obran en poder de cada representante de partido o candidato, se procede a la apertura del maletín que contiene las boletas y se les recuenta.

El apego de estos datos a lo expresado el día de la jornada en las boletas se hace patente asimismo en los resultados que arrojan los ejercicios denominados "voto por voto", en los cuales, ante una elección muy cerrada es posible abrir la totalidad de los paquetes y recontar cada boleta. En la mayoría de los casos, lo que se encuentra no hace sino refrendar el resultado previamente consignado.

Es decir, la evidencia empírica va en el sentido de que en el sótano de la CEE no vive "el secreto mejor guardado" de la historia electoral del país, sino materiales que ya fueron debidamente sistematizados y reducidos a unas cuantas cifras. Es impresionante ver, en cambio, cómo subyace aún en nuestra cultura política el miedo a que los resultados electorales no sean sino una gran pantomima. Y esto es un grillete que nos impide abordar los verdaderos retos que en la actualidad conlleva una democracia.

Politóloga*
miriamhd4@yahoo.com