La solución desde adentro

Creo en la perspectiva institucional como clave para entender las políticas públicas: los incentivos que dan la organización y las reglas, así como los castigos que de ellas derivan moldean la conducta de los individuos.

Siendo así, nada más natural que coincidir con lo dicho ayer en este diario por mi muy admirado Héctor Aguilar Camín en el sentido de que el diseño institucional propicia y hasta induce los delitos de los que están siendo acusados tantos gobernadores corruptos. Sin embargo, creo que debería haber algo más. No podemos fiarnos a la vigilancia y al castigo para evitar la corrupción. Tienen que existir, claro, instancias que jueguen un rol disuasorio para aquellos a quienes pase por la cabeza la posibilidad de desviar recursos, sin embargo, tendríamos que apelar a otra vertiente que tiene que ver con el sentido de ética del servidor público.

Y esto no quiere decir que para los políticos rija una moral distinta, ni que sean superiores al resto de los mortales; muy por el contrario, lo que creo es que tienen que ser humanos entre los humanos. Aborrecemos las campañas políticas por el dispendio que entrañan, cuando deberían ser la fuente de la sensibilidad social de quienes aspiran a un cargo de elección popular. Recorrer el municipio o estado que pretendes gobernar, conocer a sus habitantes y las condiciones en las que viven, empatizar con sus dolores, hacer tuyos sus anhelos. Y no convertirlos en una lenta sumatoria de los apoyos que se requieren para lograr el puesto y desentenderte de lo que por meses atestiguaste. La vacuna contra la corrupción incluye inocularse el dolor ajeno para hacerlo propio y comprometerse a brindarle solución.

No habrá ojos que alcancen para vigilar, leyes que permitan castigar ni jueces que condenen a tanto "representante popular" que adolece de una ética que le permita actuar como si se le fuera a encarcelar aun cuando no haya nadie viendo.

Politóloga*
miriamhd4@yahoo.com