¿Una invitación a decir #TambiénMePasó?

Convocar a un cúmulo de superestrellas es una excelente estrategia de relaciones públicas. Independientemente de que hagan o digan algo, su sola coincidencia en tiempo y espacio genera un manjar suculento para la prensa y para los líderes de opinión. No solo llama la atención acerca de algún asunto que busca integrarse a la agenda pública, sino que genera legitimidad para la perspectiva con la que se está abordando el asunto.

Quienes tenemos más de 40 años recordamos sin duda aquel video de la canción “We are the world”, en el que muchos de los más reconocidos cantantes internacionales hacían, al participar con unas cuantas notas y su presencia, un llamado a brindar atención a la infancia desprotegida. Hablábamos de cuántos y quiénes eran los artistas, pero también del problema que los motivó a unirse.

Al mismo tiempo, una estrategia así es una demostración de poderío. Solo los más influyentes pueden permitirse un despliegue que reúna estas características. Piense por ejemplo en muchas de las películas de Woody Allen en las que actores y actrices galardonados participan lo mismo con un rol protagónico que con una ínfima aparición.

Lo que vimos este lunes de parte del gobernador de Chihuahua, el panista Javier Corral, es una excelente versión política de este tipo de esfuerzos. Allí estaban muchas de las personalidades que pueden brindar legitimidad en nuestro país (en el que la multiplicación de escándalos deja pocas opciones para estos fines). Nada más y nada menos que quien preside el Comité de Participación del Sistema Anticorrupción,  Jacqueline Peschard, estaba en el lugar de honor de ese templete harto pesado en lo que a personajes de la vida académica y política se refiere. Que un gobernador denuncie a Hacienda es nota. Que lo haga en esta compañía, es primera plana. Que lo siga una cascada de denuncias al estilo #MeToo, sería algo nunca visto.

miriamhd4@yahoo.com