Lo que los menores le dijeron al INE 2

Continuamos con el análisis de los resultados de la Encuesta Infantil y Juvenil realizada por el INE el 7 de junio. Para explorar el apego a los valores democráticos, se indagaron asuntos tales como el nivel de confianza en las autoridades, la confianza interpersonal y la disposición a participar en el proceso de toma de las decisiones que les afectan.

En la relación con sus pares, es decir, con sus amigos, los más pequeños —6 a 9 años— aseguraron, en un 91 por ciento, que los niños y niñas al interior de su escuela se tratan entre sí con respeto. Y un porcentaje muy similar dijo que el ámbito escolar era un espacio donde podía expresar lo que siente y piensa. El 10 por ciento restante embona perfectamente con la cifra que declara recibir ofensas por parte de sus profesores.

Paradójicamente, en lo referente a la relación con los pares, entre los más chiquitos los amigos llegan en penúltimo lugar al índice de confianza (82%), casi equiparable al de la Policía (80%). Ligado con ello, los amigos están en el último lugar cuando se les pregunta a los pequeños a quién recurrirían si algo malo les pasara (76%). Entre los de 10 a 13 años, los amigos ocupan un lugar más importante, provocando mayor confianza que las autoridades públicas; pero llegados al punto de estar ante un problema, valoran más a la familia, los maestros y las autoridades de la escuela, y solo un 69.7% invocaría a los amigos en caso de requerir de ayuda.

Lo que más elocuente me parece en torno al tipo de ciudadanos que estamos formando, es que al preguntarles qué es lo que consideran más relevante para que haya una convivencia justa y pacífica en la escuela, los más pequeños se inclinan prioritariamente por las opciones referentes a que los niños y niñas se traten entre sí con respeto, y que los maestros los traten bien (59.3 y 56.6% respectivamente). Muy atrás quedan las opciones referentes a que su opinión sea considerada o a que se les involucre en la construcción de la reglamentación de la escuela. Los de 10 a 13 años dejan como penúltima opción el involucrarse en la toma de decisiones (49%), pero también cabe señalar que dejan hasta el final (42%) el respeto por parte de los maestros, dándole el peso fundamental a la relación entre compañeros. En este rango de edad hay un asunto importante a subrayar en lo que al estado de derecho se refiere. Sólo la mitad considera que la aplicación correcta de las normas ayuda a la convivencia pacífica y apenas el 17% menciona que las consecuencias al incumplimiento de la ley son determinantes para que en México se viva en paz y con justicia.

Llegados al punto de establecer un compromiso ciudadano por parte de los menores, los del rango de edad menor se volcaron sobre la promesa de cumplir las reglas y respetar a los demás (75 y 64%), mientras que sólo el 37% manifestó estar dispuesto a contribuir con propuestas y apenas un 34% dijo querer involucrarse en la búsqueda de acuerdos para resolver conflictos con sus pares. En el rango de los de 10 a 13 años, una mayoría (60%) se inclinó por la opción de respetar a los demás como su compromiso para mejorar el país, mientras que apenas el 20 por ciento se dijo presto a participar con propuestas para mejorar su comunidad y tan sólo el 14 por ciento se comprometió a organizarse con los demás para resolver los problemas que nos afectan a todos.

Ante estos datos, no puedo evitar pensar en la fábula aquella del elefante que estaba cautivo no por la cadena que lo detenía y que con sus fuerzas de adulto fácilmente podía romper, sino por haber aprendido de joven que aquel grillete era indestructible. Tenemos que ayudar a las nuevas generaciones a migrar de ciudadanos pasivos que se contentan con no hacer el mal, a ciudadanos activos que procuran el bien.


Politóloga*  
miriamhd4@yahoo.com