No la llames muñeca

Gracias a este experimento, el mundo de las muñecas goza ahora de una certeza que antes era simple intuición: portar tacones augura buena respuesta...

Como es la época de jauja de los jugueteros, en este espacio sacaremos de su caja de cartón, en la que parecen haber quedado en el olvido, algunas muñecas que el catálogo en el que se han convertido las noticias nos mostraban apenas ayer.

En un primer estuche se encuentra esta suerte de Barbie encuestadora. Ella se para en las calles de Francia para solicitar a los caballeros que pasan por allí si están dispuestos a contestar una encuesta acerca de igualdad de género. Lo que no saben quienes acceden es que, por el solo hecho de hacerlo, ya están respondiendo a las preguntas del investigador que se lanzó a averiguar si, efectivamente, los tacones altos —portados por las mujeres, evidentemente— tenían influencia sobre la conducta de los hombres. Así, lo que verdaderamente se observa no son las respuestas al sondeo, sino la proclividad a detenerse y a atender a una muñequita que, entre más altos son los tacones que porta, mayor disponibilidad despierta entre el público masculino. Gracias a este experimento, el mundo de las muñecas goza ahora de una certeza que antes era simple intuición: portar tacones augura buena respuesta de parte de los hombres. Qué importa entonces si lastiman los dedos, los tendones y la espalda. Para otro científico francés, entrevistado acerca del trabajo de su colega, no cabe duda que los zapatos altos empoderan a quien los porta.

En otra cajita se encuentra Barbie bailarina aeróbica o, Erika Cueto, como la llaman. Ella vive en Puerto Vallarta, donde es conocida por la calidad de los cursos de danza y gimnasia que imparte. Tiene un pequeño automóvil rosa al que se subió con la idea de dirigirse hacia San José del Valle, Nayarit. Hace ya varios días que debió haber llegado a su destino, pero nunca arribó. Su pequeño autito rosa fue encontrado vacío, con las puertas abiertas, sin placas y repintado de blanco. Dentro sólo se encontraron unos cinchos que la Policía recogió como evidencia, no sabemos de qué.

Al lado de éstas dos hay una caja más. En ella está una muñequita que solía ser enfermera. Se llama Kassandra Bravo y tiene 19 años. Hace tres que escribió en su cuenta de Facebook que su padrastro, al que acusó de algunos homicidios, la había violado. Pero pronto borró estas aseveraciones. Hace unos días ese individuo de 32 años, que es el esposo de su madre, vino a buscarla a su casa, discutió con ella, la lanzó al piso, la golpeó y terminó con su vida asfixiándola. Puso su cuerpo en el auto de su mamá y la llevo a tirar al paraje donde sus restos fueron localizados en Uruapan. El crimen de Kassandra está resuelto, aseveró el responsable de impartir justicia en el estado de Michoacán.

Hay un cuarto estuche con una muñeca muy completa: es estudiante del Politécnico, activista social, trabajadora y mamá (un muñequito de 4 años la acompaña, ella tiene 22). El 10 de noviembre, inmersa como estaba en el movimiento del IPN, escribió en su cuenta de Facebook: “Si esta es mi última noche, que sepan que el Huélum fue mi último suspiro”. Un mes después, Edith se ausentó sin motivo de una reunión con sus compañeros; a la mañana siguiente, su cuerpo atado, golpeado y asfixiado se encontró en Iztapalapa. Las autoridades dijeron que desapareció tras haberse ido de fiesta con sus amigos; sus compañeros de huelga aseguran que éste es un golpe que se le está dando a Edith.

Si jugamos a vestirlas como queremos, pararlas donde nos parezca, hacerlas decir lo que nos guste y darles la vida que nos plazca, jugamos el mismo juego de quienes las han convertido en objetos para abusarlas y matarlas sin remordimiento. Las mujeres somos personas, no muñecas.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com