¿Qué hacemos con la centenaria?

Inicia el jubileo para el centenario de nuestra Constitución. Desde 1917 a la fecha se le han hecho un total de 679 reformas, 145 de las cuales se han dado en el periodo de la presidencia de Peña Nieto (supera a las modificaciones vividas bajo el mandato de cualquiera de sus antecesores), y el sexenio que más se le acerca, con un total de 110 modificaciones, es el de Calderón.

La voluntad presidencial no es la única variable que juega en estos cambios. Es insoslayable, por supuesto, la decisión colegiada del Constituyente Permanente. Sin embargo, la multiplicación de enmiendas al paso del tiempo sí deja entrever una necesaria adecuación del texto constitucional a los tiempos que vivimos y nada de malo hay en ello, siempre y cuando lo que se adecue sea la norma.

Lo delicado viene cuando olvidamos que la Constitución no es únicamente el conjunto de leyes de mayor jerarquía (además de los tratados internacionales) que nos rige. La Carta Magna es también un proyecto de nación. Por lo tanto, lo que no es factible es parchar su andamiaje para sacar la vuelta a las aspiraciones de sus creadores y, por lo tanto, cabe preguntarnos si no sería mejor proponernos una nueva constitución.

Creo que un ejercicio así nos involucraría en una importante reflexión acerca de quiénes somos los mexicanos, qué es lo que nos une como nación y cuáles son las metas que nos proponemos. Cómo concebimos al Estado y en qué marco creemos que se deben de dar sus interacciones con sus habitantes. Nos otorgaría una sensación de borrón y cuenta nueva, y nos empujaría con su ánimo modernizador.

Pero, bien sabemos que eso es sólo el deber ser. Hay probabilidades de que el nuevo Constituyente acabe siendo prostituido por quienes sólo buscan su propio beneficio y carecen de sentido de la relevancia histórica de su tarea. Tal vez sería abrir la posibilidad a que logros históricos se desvanezcan o a que modificaciones sensatas que ya se habían logrado hacer al texto constitucional desaparezcan al no poder repetir los consensos que les dieron lugar.

Derribar las columnas para construir en un terreno completamente nuevo, o modificar piezas con paciencia y pulso quirúrgicos para que todo cambie a fuerza de mantener todo en su lugar. Creo que la coincidencia de este jubileo con la dinámica que surge en la capital del país que, fruto de su nuevo estatus habrá de dotarse de una nueva Constitución, será la llave para que el país entero se decida a abrir la puerta de una nueva Carta Magna.


Politóloga*  
miriamhd4@yahoo.com