Las gotas en el mar

Quizás el estado social más complejo de manejar sea el del límite del desbordamiento. Exactamente igual que en una represa: Cuando alcanzamos a atisbar las depresiones en su fondo, sabemos muy bien en dónde se ha estancado agua y en dónde aún falta por llenar. Una vez que todos los caprichos del terreno han sido colmados, el agua comienza a subir de manera uniforme, y cuando está pletórica, el desbordamiento se dará allí donde la gota determinante venga a caer. Pero eso está definido por el azar.

Así, en una comunidad que ha alcanzado el máximo hartazgo, lo que sea que ocurra inclinará la agenda pública –y con ella el discurso político y la toma de decisiones– en esa dirección. Sin embargo eso no implica que estemos poniendo el énfasis allí donde más urgente es; ni mucho menos que las acciones que se emprendan provengan de una planeación adecuada y sean congruentes entre sí.

Grave, dolorosísimo y estremecedor como lo fue el tiroteo en el Colegio Americano del Noreste, tiene mucho de esa gota determinante, esa que plantea un antes y un después. Nos alcanzó el reflejo de la sociedad en la que nos hemos convertido y la energía se vuelve incontenible. La presión para actuar es inmensa. Y pedimos un régimen militar en las escuelas, y revisiones de mochilas y arcos detectores de metales.

No sabemos si lo que reventó fue una pústula de miles que están a punto de estallar, o una única e inexplicable herida. Pero no dudaremos en sembrar de un ánimo de desconfianza la vida de decenas de miles de niños y adolescentes. Porque esa fue la gota que vino a desbordar el mar de problemas que desde hace tanto debimos atender. Y hacia allá irá nuestra atención hasta que la próxima gota caiga y veamos hacia dónde lleva al empuje social y a la acción gubernamental decididos a mantenerse reactivos.

*Politóloga
miriamhd4@yahoo.com