En la educación: volver a lo básico

En el capital teórico de la ciencia política existe algo que se denomina la Ley de Hierro de la Oligarquía de Robert Michels.  El autor alemán, quien estudió el fenómeno de los partidos de masa europeos, encontró que estos, a despecho de las causas que ideológicamente enarbolaran, tenderían inexorablemente a convertirse en los garantes de su élite directiva.  Evidentemente el tiempo no solo no ha desmentido a Michels, sino que nos ha permitido constatar que sus observaciones son válidas también en otras estructuras de poder, tales como los sindicatos o la administración pública.

Por ello tiene un cierto sabor a tragedia griega el reconocimiento que hace la SEP –que encarna a algún héroe cantando sus desdichas ante un público constituido por los integrantes de la Conago– de identificar, por la vía de una auditoría, la existencia de 14 mil docentes que no dan clase, sino que atienden labores administrativas, y las reacciones de Mexicanos Primero que, cual corifeo, identifica cuántas veces advirtió al protagonista acerca del mal que se cernía sobre él, al tiempo que lo insta a retomar la senda del bien.

En el caso específico que nos ocupa, la organización civil afirma que si bien la realización de esta revisión financiera es un avance, las inconsistencias en la nómina persisten y “faltan mecanismos efectivos de regulación de la Federación hacia los estados, respecto a la forma y los tiempos para reportar los movimientos de la plantilla docente en los estados”.

Creo que a nadie asombran las posturas de unos y otros. Lo que ocurre en el enorme sistema educativo mexicano es lo esperable de acuerdo a lo identificado por Michels a inicios del siglo pasado: una oligarquía que deja de servir a sus causas para servirse a sí misma. Y ni los sistemas de control más férreos podrán quebrantar ese fatal destino. 

Tenemos que avanzar en el sentido de repensar la talla y organización de nuestro sistema escolar para que reencuentre sus causas originales.

miriamhd4@yahoo.com