Es el Congreso, no las diputadas

Imaginemos por un momento que todos los problemas que se ubican en la agenda pública del país tuvieran que ser resueltos por quienes representan a los grupos afectados en el Congreso. Pensemos, por ejemplo, que el combate a la pobreza recayera en los legisladores de extracción más humilde económicamente hablando; que el atraso en la educación tuviera que ser resuelto por los representantes del magisterio o que la promoción del deporte solo fuera responsabilidad de los congresistas que sean atletas de alto rendimiento. Sería completamente absurdo.  La pluralidad del Legislativo no tiene esa función. Es, o debiera ser, una representación de la Nación; pero no una de carácter corporativo, sino de solidaridad entre la ciudadanía, sin importar el credo, el nivel socioeconómico o educativo, la profesión o el género.

Me detengo especialmente en este último tema, ya que veo preocupada la forma en la que se ha señalado a las diputadas nuevoleonesas que votaron favorablemente en primera ronda el dictamen que reformaría la legislación electoral. En su contenido, efectivamente, hay temas que tocan a la paridad de género. Entre lo que contiene el documento, a nadie asombrará que lo diga, puesto que ya en varias ocasiones he hecho pública mi postura al respecto, hay elementos que no armonizan la legislación local con las disposiciones en la Constitución, Tratados Internacionales, Jurisprudencia y lineamientos emitidos por el Instituto Nacional Electoral. Muy especialmente hay omisiones que, de aprobarse en segunda ronda, acrecentarían el rezago mayúsculo que existe para la participación de las mujeres en el ámbito de las presidencias municipales.

Sin embargo, ni eso justifica que se señale a las diputadas como responsables absolutas de esta situación. No es su obligación como mujeres lograr una legislación electoral paritaria. Es su obligación como legisladoras, pero en los mismos términos que sus colegas hombres.

miriamhd4@yahoo.com