Por pelos

Si cada cabeza es un mundo, cada melena es un territorio conquistable. El simbolismo del cabello tiene métrica variable y la emancipación puede venir de hacerse un corte tipo bob desafiando los estándares sociales –decisión de algunas de las primeras feministas– hasta llevar "el pelo suelto" o autodescribirse como "deschongada". Así, no es el largo de los cabellos, sino lo que su porte en tal o cual sociedad reivindica, lo que los convierte en carta de naturalización en el mundo de los revolucionarios. Y es que poder decidir lo que a nuestra capilaridad refiere implica un mínimo de libertades. Los Beatles no habrían tenido el mismo impacto sin sus cortes tipo cazuela, ni los rebeldes sin causa lo serían si no tuviesen un flequillo escondiendo las incógnitas de su mirada.

Por eso es tan lamentable lo ocurrido a las dos profesoras que fueron trasquiladas a manos de quienes se ostentaron como representantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Un corte de pelo, si bien es indoloro en lo físico, tiene terribles implicaciones en lo anímico. Tusar a alguien es marcarlo y obligarlo a llevar consigo la evidencia de su sujeción. Implica también un anuncio de que se está ante un traidor. Es una práctica típica de los regímenes fascistas para marcar a quienes se amistaban con el enemigo.

Así, al ser los cabellos ese termómetro que marca en polos opuestos libertad o conquista, las imágenes de las dos profesoras tusadas han causado más indignación que los miles de niños privados de su derecho a la educación por quienes más bien tendrían que estárselas procurando.

Espero que esta situación nos deje a un pelo de terminar de una vez por todas con el problema educativo que desde hace tanto tiempo sume a los estados más pobres del país en una espiral de pobreza y marginación.

Politóloga* 
miriamhd4@yahoo.com