Usos y costumbres

En México, donde el sistema electoral tiene tantos candados para asegurar que cada voto cuente y se cuente, donde la cadena de impugnaciones que pueden seguir los inconformes con los resultados da múltiples instancias para dirimir las controversias, no todos los comicios son de urnas y mamparas.

La diversidad étnica de nuestro país, y la intención de construir la inclusión de todos los mexicanos con pleno respeto a su cultura y tradiciones vuelve aún más complejo nuestro sistema para elegir gobiernos al incluir esquemas denominados de “usos y costumbres”. El asunto, aunque bastante noble, suscita debates profundos.  Algunas de esas formas ancestrales de seleccionar a los liderazgos de la comunidad no son compatibles con el respeto a prácticas normalizadas para las elecciones del resto del país, como la secrecía del voto y, más importante aún, el derecho de las mujeres a ejercerlo y también a ser votadas.

La armonización de estos que son, prácticamente, mundos distintos (y tan apartados aún en el mismo territorio nacional) es una tarea titánica que exige la combinación de conocimientos en materia de derecho electoral, de antropología y una muy buena dosis de sensibilidad para poder encontrar puntos de acuerdo.

El día de ayer el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca llevó a cabo el proceso de validación de las elecciones municipales de los espacios que se rigen por usos y costumbres, y votó por invalidar el proceso en San Sebastián Tutla por encontrar diversas irregularidades. Como siempre que se toma una decisión de esta envergadura hay quienes sienten vulnerados sus derechos y Tutla no fue la excepción. Sin embargo, en vez de acudir a las opciones legales a su disposición, los inconformes optaron por irrumpir en la sesión y atacar físicamente al consejero Uriel Pérez García, presidente de la Comisión Especial de Género de ese Instituto. No hay tradición que respalde un hecho así, condenable sin más.

miriamhd4@yahoo.com