¿Tutelar derechos condenando esfuerzos?

Coincido con el Comité de la ONU en que rodear a las personas con discapacidad de una imagen de menesterosos en nada abona a la protección de sus derechos

Admiro el trabajo que realizan las agencias de la Organización de Naciones Unidas. La lista de mis anhelos no cumplidos la encabeza sin duda la ilusión de trabajar para alguna de ellas. Creo que su Comité sobre Derechos de Personas con Discapacidad está en lo cierto cuando señala lo indebido de la transferencia de recursos públicos, en la forma de terrenos y donativos, que diversas entidades de nuestro país han entregado a la Fundación Teletón para lograr que en ellas se instale alguno de sus múltiples centros de rehabilitación. Al hacerlo, dichos estados están renunciando a recursos que les permitirían atender, con la libertad y responsabilidad con la que debe hacerlo el ámbito público, las necesidades surgidas de sus ciudadanos que viven con alguna discapacidad.

Sin embargo, me parece que habría que estar ciego para no darse cuenta de que, ventilando tal verdad, se afecta a aquellos cuyos derechos se pretende tutelar. El Estado, así, con mayúscula, como articulador e integrador de una agenda pública, a cargo de proponer soluciones y amalgamar recursos del público para canalizarlos a sus hipótesis de intervención, es un Estado ideal. Sin embargo, en su versión real, y de manera muy señalada en la que atestiguamos y padecemos cada día los ciudadanos, se trata de un ámbito penetrado hasta la médula por la corrupción y, por lo tanto, incapaz de despertar la filantropía y la solidaridad entre sus habitantes. 

Digámoslo con todas las letras: si comunicadores y empresas no hubieran comprado el tema de la necesidad de desarrollar los centros de rehabilitación con que ahora cuenta la Fundación Teletón y que están sin duda al servicio de menores con discapacidad (aunque bien pueda rebatirse que quizá no estén atendiendo a los más necesitados o no estén ubicados en las zonas más vulnerables), al día de hoy el Estado mexicano no habría hecho más con los recursos atomizados como lo estaban en cada una de las entidades federativas.

Coincido con el Comité de la ONU en que rodear a las personas con discapacidad de una imagen de menesterosos en nada abona a la protección de sus derechos, sin embargo, confieso no haber visto imágenes promocionales de este evento que me lleven a considerar que así se ha hecho. En cambio, he visto una serie de momentos en los que se ha presentado lo mucho que se han desarrollado fruto de sus terapias dándoseles una visibilidad con la que definitivamente antes del Teletón no contaban.

Por supuesto que lo deseable es generar las condiciones que permitan que la discapacidad no sea una barrera para la plena integración laboral y que, por lo tanto, las carencias de movilidad o las limitaciones cognitivas no sean un freno para la autosuficiencia económica, pero, al día de hoy, es innegable que para una familia el proceso de integración de un hijo con discapacidad se convierte en un reto económico por el desembolso que implica su atención y la desvinculación laboral que a menudo conlleva para al menos uno de los padres.

Si de algo adolece nuestro país es de participación social y cohesión, no veo cómo despertar la filantropía, así sea a través de un presunto interés en el tema de personajes públicos de dudoso talento, podría calificar como nocivo. Basta con imaginarnos lo que pasaría si atendemos las observaciones de la ONU, y hacemos desaparecer al Teletón. Reto a quienes elaboraron dicho reporte a que me digan, dentro de un lustro, que las cosas mejoraron para las personas con discapacidad. 

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com