"That is the question"

Es urgente que en nuestro país democracia deje de ser sinónimo de gasto público incongruente con la situación económica de la población.

Perdió la democracia con las resoluciones emitidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación declarando inconstitucionales las cuatro preguntas que convocaban a la población a expresarse, por primera vez, en el marco de una consulta popular? Creo que no es así. Por supuesto no hemos dado pasos de gigante en el sentido de que sea la opinión de la ciudadanía en general la que defina el rumbo de la nación, pero, aun ante la negativa de los jueces, veo avances.

El primero radica, paradójicamente, en que las consultas no hayan prosperado, ya que si, en teoría, tenían la vocación de tomarle el pulso a la ciudadanía, de facto no eran sino estandartes de los que se habían armado los partidos para mostrarse como paladines de causas a todas luces interesantes para un inmenso número de mexicanos. Peor aún, los promoventes: PRI (desaparición de plurinominales), PAN (aumento al salario mínimo), PRD y Morena (reversa a la reforma energética), estaban mejor informados que cualquier miembro de la sociedad civil acerca de la escasa o nula viabilidad que tendrían sus preguntas al someterse a la Corte ya que sus bancadas en el Congreso promovieron o bien atestiguaron la redacción del artículo 35 en el que claramente se enuncian las causales de las que se valió la Corte para su negativa. Lo que subraya el carácter meramente de promoción electoral que tenía el uso de esta herramienta.

Pero no todo el avance viene del que las propuestas no hayan prosperado. Veo también como digno de remarcarse el haber suscitado la discusión no sólo en torno a los temas que serían supuestamente puestos a la consideración popular, sino también en torno al tema de la consulta popular en tanto que herramienta de mejora constitucional e incluso de la idoneidad del marco legal en el que se encuentra inserta.

El desarrollo viene también del pronunciamiento mismo de la Corte. Si bien en tres de las cuatro preguntas la mayoría que votó por su improcedencia fue avasallante, el que haya al menos una opinión divergente, consistente, además, en la siempre agradecible por interesante, argumentación del ministro Cosío —que con su postura refrenda su carácter de avanzada— nos sitúa en un México de instituciones (tan diametralmente opuesto al de Iguala…).

Queda, sin embargo, un elemento grave que opaca este positivo, aunque magro, resultado: el gasto en el que incurrió el INE para volver operativo el predecible aborto en el que esto se convirtió. Treinta millones de las arcas públicas son al menos un hospital, o varias escuelas, o cientos de becas. 

Es urgente que en nuestro país democracia deje de ser sinónimo de gasto público incongruente con la situación económica de la población; si no, serán los autócratas y no las consultas lo que serán populares.

miriamhd4@yahoo.com