De la SCJN para San Pedro y para México

DE NINGUNA manera condeno la existencia de mecanismos que oxigenen con buenas intenciones y acciones los vicios de las autoridades que diariamente se evidencian.

La noticia que nos llega ayer de parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) es profundamente aleccionadora. Es la respuesta (fallo) a una solicitud promovida por el municipio de San Pedro Garza García para declarar inconstitucionales algunos puntos de la Ley de Justicia Administrativa para el Estado y los Municipios de Nuevo León.

El asunto reviste más de una paradoja. Resulta que fueron las propias instancias municipales las que ganaron una controversia sometida a la Corte en junio de 2012 que llevó al Congreso local a verse obligado a legislar permitiendo que los municipios que así lo consideraran pertinente pudieran establecer tribunales administrativos en ese orden gubernamental y fuera allí donde los ciudadanos dirimieran casos contra los potenciales actos ilegales de la autoridad municipal.

Sin embargo, la ley que de esto derivó no dio cumplimiento cabal a las expectativas de San Pedro toda vez que no planteaba la representatividad ciudadana por la vía meritoria, ni, de acuerdo a lo expuesto por los promoventes, suficientes elementos para garantizar la pluralidad y transparencia del órgano.

La Corte consideró que estas virtudes sí se solventaban toda vez que la selección de los magistrados administrativos del orden municipal deben ser aprobados por dos terceras partes de los miembros del Cabildo y ratificados por una proporción igual de los diputados al Congreso local.

Así, primera paradoja, un municipio que gana una controversia en la Corte, la pierde nuevamente allí porque, segunda paradoja, a diferencia de lo que el Ayuntamiento —al parecer— piensa de sí mismo, la SCJN considera que sí es suficientemente representativo y plural para nombrar a sus magistrados administrativos que, tercera paradoja, habrán de defender a los ciudadanos de la propia autoridad que primero promovió una ley y luego la combatió.

Emulando al profundísimo Filósofo de Güémez, diré que cuando algo está tan retorcido es porque no está derecho. Asistimos a esta crónica de complicadísimos afanes de autoridades surgidas de poderes diversos y de órdenes gubernamentales también distintos, porque buscamos intensamente sacarle la vuelta al arreglo institucional que es el nuestro, al de la democracia representativa.

Pensamos, sospechamos, comprobamos tantas veces que lo que emerge desde el ámbito político tiene tal hedor a podredumbre, está tan fuertemente embebido de vicios como la corrupción y el nepotismo, que podemos asumir con certeza que nada que de allí provenga puede ser bueno.

Pero en lugar de cambiarlo, lo dejamos sobrevivir y nos esmeramos en procurar que coexista con una estructura paralela, para la cual el mejor calificativo que hemos encontrado es “ciudadana”, cuando más bien a lo que nos referimos es a no partidista; buscamos que sea ésta la que vigile la correcta conducta de las autoridades “democráticamente” electas y cruzamos los dedos porque, en una de ésas, hasta en algo los contagie positivamente con sus mejores prácticas.

De ninguna manera condeno la existencia de mecanismos que oxigenen con buenas intenciones y acciones los vicios de las autoridades que diariamente se evidencian ante nosotros, pero no lograremos mucho si no cerramos también la pinza trabajando en el cambio de las propias autoridades y no sólo acompañándolas con menor o mayor éxito.

mhinojosa@udem.edu.mx