Ríos Piter: ¿Racionalidad o darwinismo?

El, hasta finales de diciembre, aspirante a gobernador no se contenta con dejar que su audiencia haga el cálculo de su desistimiento, sino que se permite detallarlo.

Armando Ríos Piter será el primero de una larga lista o sólo un caso de excepción? En un sistema de partidos que anteponen la popularidad a cualquier otra virtud en el proceso de selección de candidatos, ser el puntero en las encuestas no es cosa menor; es más, prácticamente garantiza la participación en la boleta electoral para el puesto pretendido. Y en los pocos casos en los que el partido de militancia del favorito del pueblo no atiende esa circunstancia, el escape hacia otra formación política que capitalice las simpatías de las que goza el individuo en cuestión, es un asunto obvio de tan simple.

Por eso la negativa del senador guerrerense de contender al interior del PRD para convertirse en el candidato de ese instituto político a la gubernatura del estado que representa es una noticia digna de analizarse. Aun corriendo el riesgo de equivocarme, me parece que hay elementos suficientes para considerar que al interior del partido del sol azteca no hubo quién le sugiriera tras bambalinas esta postura al legislador. De haber sido así, sería muy probable que más que renunciar ante a la postulación, denunciara las presiones y afianzara en ellas mismas su candidatura. 

Sin embargo, sí hay un dedo flamígero con el que Ríos Piter apunta hacia el partido en cuya bancada se sienta en el Senado, y tiene que ver con el peso que, según el que hoy se autoexcluye, esta organización le concede al gobernador guerrerense con licencia: Ángel Aguirre, al que Ríos Piter califica de “aduana” que habría que franquear para acceder a la candidatura al Gobierno del Estado. La acusación es ciertamente grave si consideramos el involucramiento, así sea por omisión, que Aguirre tiene en la desaparición de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa. Pero para dar un paso atrás, el, hasta finales de diciembre, aspirante a gobernador no se contenta con dejar que su audiencia haga el cálculo de lo que su desistimiento implica, sino que se permite detallarlo aseverando que en el estado y en su —desaparecido— gobierno existe corrupción, impunidad y narcopolítica, y que los acuerdos a los que lo orilla la dinámica intrapartidista no harían sino generar una inercia que lo sumerja en este mismo ambiente.

Por si a alguien le quedaba duda de que efectivamente éste es el cuadro que reina en el estado costero, el caso de Ayotzinapa exhibió estas componendas de la forma más clara posible, pero que procedan de quien pudo jugar el rol del optimista que viene a cambiarlo todo ganándose así una candidatura a gobernador, lo subraya de forma particular.

Podría tratarse entonces de la primera de una serie de decisiones racionales de políticos que sopesan el riesgo, no sólo para su carrera, sino para su propia vida, al intentar gobernar estados tomados por poderes fácticos. Sin embargo, parecería que política y razón se encuentran en polos opuestos del lenguaje y tal vez estemos frente a un rebuscado y escandaloso ritual de apareamiento de un ejemplar que busca reproducirse electoralmente con una nueva formación política. Tal vez sólo estemos ante un caso de selección natural y supervivencia del más apto.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com