Realidad que supera la ficción (todavía)

Estos son fragmentos de una historia que publiqué hace casi dos años. Por hacerse vigente en cada caso semejante, y por ser hoy el Día Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres, va de nuevo.

"Aquella tarde la vio por primera vez. Es cierto que se la había topado en infinidad de ocasiones, pero sólo ahora la descubrió con sus ojos cafés tan luminosos (...) Sabía bien que era hija de familia, que no había que hacerse ilusiones, que su papá querría para ella alguien que tuviera otra cosa qué ofrecerle que estudios truncos de preparatoria. Y entonces se le ocurrió la idea genial para estar cerca. Llegaría a ella precisamente a través de su padre: entraría a trabajar en la carnicería.

"(...) Desde las primeras horas de su nueva labor se dio cuenta de que el precio por estar cerca de Andrea sería caro. El olor de la sangre que se desparramaba por todo el cuarto frío le había saturado ya la nariz y le subía hasta la frente en forma de jaqueca. Justo cuando se preguntaba en qué se había metido, vio los tenis de Andrea aparecer detrás del cuadril que le tapaba la vista. Lo hizo a un lado con las pinzas que le habían dado para manipularlos y saltó sobre la ocasión sin perder más tiempo. Le dijo que le gustaría invitarla a salir el viernes (...) Y así se le fueron las semanas y los meses, intercambiando el olor de la carne cruda por el aroma de aquella carne de quien amaba tanto como para seguir en el negocio de su padre.

"(...) Hasta que un día aceptó la caguama que le extendieron. Con el alcohol vinieron también las confesiones, las dudas que sus cuates albergaban de que Andrea le fuera infiel (...) el juramento de estar dispuestos a ayudarle a robársela.

"(...) Al tratar de hacerla confesar sus infidelidades, Israel evidenció su rostro. Andrea tuvo frente a sí los ojos del que hace poco le había pedido matrimonio, la mirada del que hasta hace unos días pensó que sería el padre de sus hijos. No tuvo oportunidad de reflexionarlo mucho, el tronido de una bala le atravesó el pecho y la conciencia apagándola para siempre. El olor de la sangre que brotó del pecho de Andrea le trajo a Israel el recuerdo de aquella tarde en la carnicería cuando descubrió su minúsculo cuerpo detrás del inmenso trozo de carne".


Politóloga*  
miriamhd4@yahoo.com