Prepa: La terrible cruda de la primera borrachera

Un tufo a resaca deben tener para todos los mexicanos, los niveles alcanzados en la prueba PLANEA, en la que la preparatoria se ubica como el nivel escolar en el que el aprovechamiento es más bajo.

Voy a decepcionar a algunos. El título de esta colaboración es tramposamente evocador, porque no voy a hablar de aquella mañana en la que despertamos sabiendo que lo que pudo ser nuestra gran noche, al estilo de Raphael (El Divo de Linares), se convirtió en una espantosa cadena de ridículos de los que nuestra sabia biología nos protegió borrando los recuerdos.

La borrachera a la que me refiero empezó el 16 de mayo pasado, y se inauguró, como ocurre siempre con estas cosas, con un ambiente netamente festivo. Hablábamos de cuentas descomunales pero, a quién le importaba, lo que se anunciaba era un festejo de antología. Ya veríamos dentro de algunos años la estupenda inversión que estábamos haciendo. Ese día, el subsecretario de Educación Media Superior de la Secretaría de Educación Pública, Rodolfo Tuirán (quien por cierto, no es ningún improvisado), dio a conocer a los medios de comunicación que en los últimos dos años la inversión del Gobierno Federal en ese nivel educativo alcanzó los 3 mil 200 millones de pesos teniendo como objetivo aumentar la matrícula en un total de 875 bachilleratos en toda la República.

El subsecretario hizo sus matemáticas e indicó que, a nivel nacional, el promedio daba 28 estudiantes matriculados por cada millón de pesos invertido. La inyección de dinero se hacía en tres versiones distintas: creación de nuevos planteles, ampliación de los existentes o cobertura no escolarizada. Esto significó medio millón de estudiantes más en este par de años. Lo cual llevó a que el porcentaje de cobertura alcanzara cerca de tres cuartas partes de la población total que debería estar cursando ese nivel educativo que se volvió obligatorio.

Auguraba el subsecretario más éxitos, porque esa inversión se volvería más rentable al pasar del tiempo, ya que las instalaciones seguirían allí para que más generaciones se beneficiaran y, planteles que iniciaban con los del primer año, estarían pronto acogiendo a sus relevos y albergando a tres grados simultáneamente. Al día siguiente de esas declaraciones inició el levantamiento de la prueba PLANEA (sustituto de ENLACE).

Y aquí viene el reverso de la moneda lanzada por el señor Tuirán, ya que lo que en el anverso trae inscrito la palabra cobertura, tiene al reverso otra línea aún más importante: calidad. Un tufo a resaca deben tener para nuestras autoridades, para los padres de familia, para los jóvenes bachilleres, pero en general para todos los mexicanos, los niveles alcanzados en esta nueva prueba en la que la preparatoria se ubica como el nivel escolar en el que el aprovechamiento es más bajo. Ésa, la etapa en la que la responsabilidad, la madurez, la perspectiva de futuro deberían de jugar en favor de un mejor aprovechamiento, resulta ser la ocasión para que más de la mitad de los estudiantes del último año no cuenten con los conocimientos necesarios para avanzar en sus estudios y más del 80 por ciento alcance apenas el nivel básico en Matemáticas. 

Se me reprochará que los nuevos ingresos presumidos por Tuirán no forman parte del grado evaluado; siento profundamente responder que, cuando esos alumnos lleguen allí (es decir, el año entrante), difícilmente las condiciones habrán mejorado.

Qué bien que los jóvenes acudan cada vez en mayor número a formarse a las preparatorias, qué mal que, con la perspectiva que nos dan estos resultados, lo más aleccionador que les pueda ocurrir sea despertar un día con su primera resaca y entender que hay que beber con moderación.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com