La OCDE: ese club en el que no encajamos

El ingreso a un club es el título nobiliario de una república. Y lo mismo va para las personas que para los países. Por eso era tan importante para la ola salinista que México lograra ser aceptado en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo.

Sin embargo, como esos nuevos ricos que con membresía y todo no terminan por encajar en el círculo social en el que insisten en involucrarse, nuestro país está siempre esforzándose por parir datos que sean congruentes con su pertenencia al selecto grupo de las principales economías del mundo. Datos que, por cierto, deberían en teoría provenir de las asesorías en "mejores prácticas" a las que tenemos acceso debido a que integramos el organismo que, para mayor "INRI" como dicen en el rancho, es liderado por un mexicano.

A los pobres resultados que evidenciamos en el ámbito educativo, se suman ahora los nada honrosos récords que tenemos en salud. Como una enfermera que frota suavemente el lugar en el que va a pinchar con una dolorosa pero necesaria inyección, el comunicado en el que la OCDE da a conocer el Informe sobre los Sistemas de Salud: México 2016 indica primero que las políticas públicas que han impulsado acciones tales como mayores impuestos a las bebidas endulzadas con azúcar, mejor etiquetado respecto al contenido calórico de los productos y restricciones respecto a la publicidad de alimentos chatarra para los niños han sido exitosas. A lo que se suma un sistema médico más asequible y que genera mayor satisfacción entre los usuarios.

Por supuesto de allí sigue un terrible pero en donde se narra cómo estas medidas no han sido suficientes para evitar que vivamos en promedio 6 años menos que en los demás países miembros, y tengamos el doble de adultos diabéticos. En nuestro país, de 1990 a la fecha, las muertes por cardiopatías se redujeron apenas en 1 por ciento; en contraste con el abatimiento de 48% observado en muchos otros países de la organización.

Dice la OCDE que, aunque nuestro gasto en este rubro pasó de 2.4 al 3.2% del PIB, "un mayor gasto no siempre se traduce en mejoras en los niveles de salud". Lo dicho, como nuevos ricos: no importa cuánto gastemos, nada más no logramos encajar.


Politóloga*  
miriamhd4@yahoo.com