Mucho INE y nada de INEE

Olvidamos, quizá, para qué elegimos.  Dejamos de lado, tal vez, las tareas del gobernante al que habremos seleccionado.

Que un bebé descubra con asombro sus extremidades y el sinfín de posibilidades que estas, sus dedos y sobre todo el pulgar prensil le ofrecen es natural y enternecedor.  Que un adolescente siga impactado por este descubrimiento olvidando el desarrollo de sus demás órganos y el pleno goce de sus capacidades es contra natura y preocupante.

Permítanme este símil para describir la cuasi obsesión que los mexicanos tenemos con el tema electoral. Importante, sin duda, pero al que no debe, de ninguna manera, limitarse la agenda nacional. Y sin embargo, probablemente fruto de los años de autoritarismo que padecimos, de la pretendida suavidad de nuestra transición (cuya leyenda ha borrado a un sinfín de muertos en la represión para otorgarle el logro a una aparentemente mágica alternancia partidista) o simplemente de una particularidad cultural, nos hemos quedado estacionados en el asombro que nos provoca el elegir libremente a nuestros gobernantes. Consecuencia de ello, la “opinión publicada” se vuelca sobre estos asuntos y con ello cierra un círculo vicioso en el que el resto de la agenda queda marginada y nos devuelve la imagen de lo electoral como el gran tema a resolver en el país.

Quizás la evidencia más clara de la sobreexplotación de lo electoral como asunto público es, precisamente, que sea víctima de esta atención y que una forma de protesta de los grupos radicales y una demanda de quienes se consideran víctimas del autoritarismo sea –paradójicamente– amenazar con impedir la realización de las elecciones.

Olvidamos, quizá, para qué elegimos.  Dejamos de lado, tal vez, las tareas del gobernante al que habremos seleccionado; o más preocupante aún, pensamos que nuestra función como ciudadanos se limita a elegir y todo lo demás le corresponde al candidato triunfador. Como si aportar ideas, exigir resultados y vigilar conductas no existieran en nuestra asignación de tareas democráticas.

Queremos construir un país desde las urnas, cuando nuestra participación en los comicios no es sino el primer paso en una ruta en la que el desahogo de una agenda nacional multitemática (que impone por lo tanto diversas perspectivas y acciones) y que es un imperativo no menos democrático.

Ayer el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación dio a conocer su nuevo esquema de pruebas con las que pretende sustituir a la desaparecida prueba ENLACE y, al parecer, a nadie nos preocupa por qué sus instrumentos sólo serán muestrales y por qué las pruebas de carácter censal serán aplicadas por la propia Secretaría de Educación. Al parecer tampoco cuestionamos cómo y por qué se definió un horizonte de cuatro años para repetir dichas pruebas y por qué sólo se harán a los alumnos de grados terminales.

Quizá porque no tenemos tiempo enfrascados como estamos en los destapes de candidatos a los que daremos nuestro voto para luego desentendernos de su desempeño, lo mismo en el tema educativo como en tantos otros.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com