"Homo homini lupus"

Lo impresionante es que, en contraste con este espíritu franciscano de empatía con las bestias, no vemos nada equiparable con respecto al género humano.

Los cortos que se proyectan previo a las películas tienen funciones y acogidas diversas. Los avances de los filmes que pronto estarán en cartelera son casi un objeto de culto para los cinéfilos apasionados, quienes buscan adivinar en unos cuantos segundos el nivel de la producción que podrán ver en su totalidad hasta dentro de unos meses. Los famosos noticieros con los que nos recibían en las grandes salas a las generaciones que hemos alcanzado o rebasado la cuarentena son, como pocas cosas, un reflejo de la época de su realización: un gobierno en plena exaltación, una narrativa tendiente a subrayar la atención a los desfavorecidos y una perspectiva casi épica de la vida nacional.

Más recientemente, es la publicidad con altos niveles de producción —y no las inmóviles imágenes que antaño nos invitaban a adquirir lo que ofrecía la dulcería— la que consume importantes minutos de la función (no obstante que los precios de las entradas son cada día más elevados). Anunciarse en las salas de cine es una apuesta muy inteligente, ya que permite acercarse a un segmento de mercado muy específico el cual está, además, en una actitud sumamente receptiva.

Seguramente atraído por estas bondades, el Partido Verde se ha vuelto fiel cliente de esta opción mercadológica haciendo casi obligatorio por lo menos un spot en el que presenta sus logros parlamentarios con un estilo que busca ser pedagógico. Y resulta bastante efectivo en el nivel de recordación de la audiencia, por lo que no me ha asombrado escuchar niños que, al salir de la función, preguntan a sus padres si ellos pagaron cuotas en sus escuelas, en alusión al machacón sociodramafílmico con el que el Verde nos anuncia que logró sanciones para las escuelas que condicionen económicamente el acceso de los infantes a su plantel.

Lo que sí no vi venir fue la respuesta a estos anuncios que atestigüé el pasado fin de semana: Se proyectan escenas de las acrobacias de un elefante en un circo, mientras una voz en off pregunta a la audiencia si sabe cómo se logra que los paquidermos realicen esta clase de trucos. La respuesta nos viene en la forma de impactantes imágenes de maltrato a estos animales, para cerrar diciéndonos que el PVEM logró que se prohibieran los circos con animales. A estas imágenes siguió un sonoro y prolongado aplauso generalizado. Aficionada como soy a la creatividad publicitaria, especialmente a la referida al marketing político, he de confesar que nunca había visto una promoción partidista que generara una adhesión tan espontánea y sentida como la que presencié en esa sala.

Creería que se trata de un fantástico logro de su productor, si no fuera porque esta respuesta encaja plenamente en un ánimo de solidaridad hacia los animales que no conoce parangón en nuestro país. Dueños de mascotas que se hacen llamar “adoptantes”, voluntarios que se movilizan en redes sociales para encontrar un perro perdido o encontrarle un hogar temporal a un minino enfermo. Lo impresionante es que, en contraste con este espíritu franciscano de empatía con las bestias, no vemos nada equiparable con respecto al género humano. El hombre parece seguir siendo el lobo del hombre. Una especie de lobo que está muy lejos de la extinción.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com