Hablemos del elefante en medio de la sala

El anuncio que hiciera ayer el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, pone el dedo en la llaga. Apunta claramente al delito terrible que duele más que la muerte.

Los razonamientos a los que nos lleva pensar en el secuestro son terribles: ¿qué es preferible, saber con toda certeza que un ser querido ha perdido la vida y resignarnos a que no esté más con nosotros, o albergar la esperanza de encontrarlo pagando para ello el precio de la incertidumbre de los maltratos, torturas y vejaciones que puede estar viviendo a manos de secuestradores? Espero nunca conocer la respuesta, pero de acuerdo a los testimonios de quienes han atravesado ese calvario, la triste resignación de encontrar a quien les fue arrebatado es menos dolorosa que la duda martirizante de la suerte que esté pasando.

Así, el anuncio que hiciera ayer el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, pone el dedo en la llaga. Apunta claramente al delito terrible que duele más que la muerte misma: el secuestro.

Algo está cambiando en el discurso y la práctica en lo que a la atención del delito se refiere en la administración de Enrique Pena Nieto. De llevar la atención hacia otros temas buscando recuperar el valor de la marca México; de insistir en la prevención como la hipótesis de intervención que sirve como eje a la política de seguridad, pasamos a un mecanismo que reúne características tan importantes que vale la pena desmenuzar.

La primera y más flagrante es lo concreto del mandato: un decálogo en el que se habrá de trabajar. Si de alguna forma hay que resumirlo, podemos decir que se trata de un listado de obviedades que no por ello se han convertido en realidades. Así, es su carácter de plan de acción lo que llena de sustancia a estos diez puntos: mucho se ha hablado de coordinar policías y órdenes de Gobierno, pero nunca nos lo habíamos propuesto tan claramente. Abundantes han sido también los llamados a homologar legislaciones, pero ahora se trata de un instructivo por lo que, esperamos, no será más una prédica en el desierto.

El siguiente elemento que agrega elocuencia a la ruta trazada es la socialización de las medidas a través de la presencia en un Comité Especial de Seguimiento y Evaluación conformado por los líderes de las más reconocidas organizaciones sociales que luchan contra el secuestro. Crear esta especie de testigo ciudadano de las acciones emprendidas y los resultados logrados, sin duda abona en la credibilidad de la política pública a la que se dio el banderazo de salida.

Relevante es, también, el designar a un individuo. El nombramiento de Renato Sales Heredia permitirá que haya, tanto para éxitos como para fracasos, una cabeza visible hacia la cual dirigir reclamos o de la cual solicitar instrucciones.

A unas horas de su creación, las ideas ya empiezan a fluir: México Unido contra la Delincuencia, una de las agrupaciones que se han integrado a este nuevo esquema, ha puesto sobre la mesa un buen termómetro que permitirá medir la veracidad de la voluntad política y de la capacidad de los involucrados: terminar de una vez por todas con la posibilidad que tienen los reos de realizar llamadas por celulares desde su reclusión. Monitorear los cambios en esta concretísima situación será un buen ejercicio para saber si todas las virtudes del mecanismo hoy anunciado, verdaderamente nos llevan a la verdadera meta: reducir drásticamente el número de secuestros en nuestro país. Por lo pronto, ya empezamos a hablar del enorme elefante que está en medio de la sala.

Y ni qué decir acerca del tema de los celulares en las prisiones. Ha sido la prueba más flagrante de la nula voluntad de atacar este delito, inscribirlo también como uno de los puntos de este vademécum lo convertirá en el termómetro más evidente de si este plan se está cumpliendo.

Politóloga

mhinojosa@udem.edu.mx